sábado, 15 de septiembre de 2018

Una pregunta incomoda


En varias ocasiones me ha tocado mantener conversaciones con personas que no comulgan con la idea de que el pueblo de Israel pueda ser el pueblo elegido de Dios. El principal argumento que esgrimen se centra en que un Dios de amor como en el que ellos creen no podría tener preferencia por tal o cual raza, pueblo o nación. Esa idea simplemente no les cabe en la mente.
Sin embargo, en muchos pasajes del Antiguo Testamento, podemos encontrar referencias a que el pueblo de Israel sí es el pueblo escogido por Dios como “su pueblo”, así, por ejemplo, en el libro de Deuteronomio, podemos leer específicamente que Jehová los ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra (Deuteronomio 7:6), lo cual no significa que deje de ser un Dios de amor, ya que escudriñando un poco más su Palabra, encontramos en 1 de Juan 4:8, que efectivamente Él es amor, y también rico en misericordia como lo dice en Efesios 2:4. Podemos no estar de acuerdo con lo que está escrito, pero no por eso deja de ser verdad, de hecho, el propio Jesús lo dice, la Palabra de Dios es verdadera (Juan 17:17).
Entonces, cómo puede ser que un Dios con estas características, tenga preferencias por tal o cual pueblo, más aún cuando su Palabra dice que Él no hace acepción de personas? (Deuteronomio 17:11). Pues bien, el hecho de que Dios haya escogido al pueblo de Israel como su pueblo escogido, no implica que su amor por el resto de la humanidad no sea el mismo, muy por el contrario, de tal manera la ha amado, que ha dado a su Unigénito Hijo, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. (Juan 3:16 parafraseado).
Pero más allá de si el pueblo de Israel es o no el pueblo elegido por Dios, en realidad, lo que deberíamos cuestionarnos, es si nosotros lo amamos a Él, si estamos dispuestos a demostrar que somos parte de su iglesia y aunque seguramente la mayoría de quienes decimos reconocer su existencia y ponemos nuestra fe y esperanza en Él, responda en forma afirmativa ante esta pregunta, existe una sola manera de demostrarlo. Jesús dijo que si los amábamos guardemos sus mandamientos (Juan 14:15). Lógicamente para esto deberíamos reconocer que la Biblia es la Palabra de Dios y que las enseñanzas que contiene son las que Jesús nos dejó en su paso por esta tierra. Pero, cómo podemos asegurarnos de que su contenido refleja exactamente las enseñanzas de Jesús? En otras palabras, que tan exactas han llegado sus enseñanzas hasta nuestros días?
Bueno si partimos de la base de la prueba bibliográfica, la cual consiste en la comprobación de un texto antiguo, a partir del estudio de la forma en que se copió y se trasmitió desde la época en que se escribió, la que se fundamenta en cuantas copias existen, y lo cercanas que son dentro de la historia a sus originales, lo podemos hacer. Así pues, de los escritos de Julio César se conservan diez copias que tienen un tiempo de mil años con los originales, de Platón siete copias con mil trescientos cincuenta años, y de más está decir que nadie duda del contenido de ellos. Pues bien, de los Evangelios, se conservan alrededor de veinte y cuatro mil copias, con un lapso de entre treinta y sesenta años con los originales. En otras palabras se puede decir que han llegado hasta nosotros con un contenido intacto, el problema está en que nuestro enemigo, quien es muy astuto, nos ha segado el entendimiento, para que no nos resplandezca la luz del Evangelio de Cristo (2 Corintios 4:4) y de eso modo ha logrado que a lo largo del tiempo relativicemos el contenido de su Palabra, acomodándola para nuestro beneficio, poniendo en duda su contenido y así, al igual que engaño a Eva en el huerto del Edén, intenta todos los días hacerlo con cada uno de nosotros, para que de ese modo pisemos el palito y nos desviemos lentamente de nuestro destino final.
Una pequeña desviación hoy que no es corregida a tiempo, puede significar una gran distancia de separación entre nuestro destino final y el deseado cuando termine el viaje. No seamos como aquellos que no prestan atención a las indicaciones o piensan que aún hay tiempo para corregir el rumbo. Nadie sabe la hora y el momento en que seremos llamados a rendir cuenta. Porque después de la muerte viene el juicio (Hebreos 9:27 parafraseado)

sábado, 8 de septiembre de 2018

La maratón de la vida

En 1896 el Barón Pierre de Coubertin, inauguró los Juegos Olímpicos de la era moderna, los que a partir de dicha fecha se han disputado cada cuatro años, salvo el periodo comprendido entre ambas Guerras Mundiales. Estos juegos tienen como competencia culminante a la Maratón, una carrera que cubre una distancia de un poco más de 42 kilómetros, y que por antonomasia define a la carrera de resistencia en el atletismo. Dicha carrera se corre en homenaje a la batalla de la primera Guerra Medica entre los griegos y los persas, y que lleva el mismo nombre. 
En la actualidad esta modalidad deportiva se ha diseminado tanto, que hoy existen reconocidas maratones en varias ciudades del mundo, con distancias de recorrido muy variadas, lo que ha posibilitado que esta modalidad deportiva se haya extendido en el número de sus adeptos, a tal punto que hoy cualquier persona que entrena y está en condiciones puede participar de una de ellas, haciendo que dicha disciplina deportiva cruce el ámbito de lo meramente profesional hacia lo amateur.
No es raro ver cada vez más cantidad de personas en los parques entrenando para poder resistir la distancia que implica participar en una carrera de estas características, y es que para lograr cruzar la meta sea cual sea la distancia de la carrera en que se compita, es necesario desarrollar una resistencia física, que solo se logra con la persistencia y la continuidad de la práctica constante.
Al igual que una carrera de maratón, la vida es una cuestión de resistencia, ya que para poder lograr las metas y los objetivos que nos proponemos seguramente deberemos batallar a lo largo del tiempo, y difícilmente cada cosa que intentemos nos resulte al primer intento por lo que, logar alcanzar el objetivo planteado nos va a insumir recursos y tiempo de nuestra parte. 
En algunos casos la meta final de llegada tal vez se vea bastante distante. Cubrir la distancia y el tiempo necesarios para alcanzarlos, requerirá de una buena dosis de resistencia y perseverancia, no importa la meta que nos hayamos trazado o los objetivos que anhelemos alcanzar, lo cierto es que requerirá de nosotros esfuerzo y sacrificios el alcanzarlos.
Del mismo modo en que un maratonista entrena arduamente con la mente puesta en el objetivo final, para que los posibles obstáculos como el cansancio, los calambres o el dolor que pueden aparecer en cualquier tramo de la carrera, no lo obliguen a desistir del objetivo ocasionando el abandono de la competencia, cada uno de nosotros también deberíamos poner empeño para alcanzar la meta final.
El escritor de la Carta a los Hebreos, define a la vida como una carrea de resistencia (Hebreos 12:1 TLA), y al pecado como las dificultades y los estorbos que pueden aparecer mientras corremos la misma, y al igual que en una maratón debemos dejar de lado todo aquello que nos impida alcanzar la meta. La pregunta que deberíamos platearnos muy seriamente cada uno de nosotros, es cuál es esa meta? Dónde está el final de nuestra maratón? 
La Biblia nos sugiere que hagamos tesoros en el cielo donde ni el orín, ni la polilla corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan (Mateo 6:20), tarea que requerirá de nosotros persistencia y determinación, puesto que nuestro enemigo anda como león rugiente buscando a quien devorar (1 Pedro 5:8), pero entonces como logramos avanzar hasta llegar al final de la carrera para recibir el premio celestial al cual Dios nos llama por medio de Cristo Jesús (Filipenses 3:14 NTV).?
Pues bien, en la misma Palabra de Dios encontramos dos señales de como logarlo, en primer lugar, meditando de día y de noche en ella para ponerla por practica (Josué 1:8), puesto que ella es lampara a nuestros pies y lumbrera en nuestro camino (Salmos 119:105), y sobre todo porque la ley de Dios es perfecta, sus mandatos son dignos de confianza y nos dan sabiduría (Salmos 19:7 TLA parafraseado). En segundo lugar, Jesús nos prometió antes de partir que su Padre nos enviaría un ayudador el Espíritu Santo, quien a modo de un entrenador nos recordaría sus enseñanzas (Juan 14:26 parafraseado).
Por lo tanto, escudriñemos la Palabra de Dios, busquemos afanosamente la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida para que podamos decir al igual que el Apóstol Pablo, que hemos peleado la buena batalla, que hemos acabado la carrera y hemos guardo la fe (2 Timoteo 4:7) porque después de todo Jesús dice que al que venciere le dará que se siente con él en su trono, así como Él venció y está sentado con el Padre en su trono (Apocalipsis 3:21)

jueves, 30 de noviembre de 2017

Cuando las “papas” queman

La jornada llegaba a su fin una vez más, y sobre la mesa, la taza de café se estaba enfriando. Pensativo y con la mirada clavada a lo lejos, estaba realizando una evaluación de cómo había resultado el día, se preguntaba cómo podía ser factible haber sorteado todos esos obstáculos que durante toda la mañana y la tarde se presentaron. Y no en un solo frente, sino que, en varios, la familia, el trabajo, las finanzas, etc.
Las últimas semanas habían sido de mucha tensión ya que en la oficina parecería que nadie se animaba a tomar una decisión, todo recaía sobre su persona. Hasta el ultimo detalle se lo presentaban para que decida, y a eso la presión por lograr los resultados, estaba empezando a causar estragos en su ánimo. 
Hacia unos momentos había cortado el teléfono con sus padres, molesto, ofuscado porque no podía entender su necedad en seguir haciendo lo mismo que sabían estaba mal. Les había advertido infinita cantidad de veces, pero no había caso y ahora la responsabilidad recaía sobre él, era él quien debería solucionar el entuerto. Bueno pensó, son mayores y después de todo les debía honra y respeto, es lo que dice el quinto mandamiento y hasta si se quiere por una cuestión egoísta. Recordó que era el primer mandamiento con promesa y el cumplirlo nos asegura que seremos de larga vida y que todo nos ira bien (Efesios 6:2-3 parafraseado), además en sus años de niño ellos habían estado siempre para él, se lo merecían como retribución al sacrificio que hicieron para que no les faltara nada.
Para completar, y por si todo fuera poco, en su casa las cosas no eran muy distintas, tal vez producto de la trasferencia del estrés la interrelación con sus hijos se había empezado a erosionar, su esposa estaba a su lado tratando de amortiguar las cosas como mediadora entre los diferentes actores de la convivencia hogareña, pero tal vez la situación pronto encontraría un tope y entonces la hecatombe se desataría. Esperemos que no ocurra pensó y trato de desviar la atención hacia otra cosa, además a cada día le basta su afán se dijo recordando la cita de Mateo 6:34.
Como había llegado a esa situación? Como fue posible que las cosas se salieran de control? No podía evitar cuestionarse porque Dios permitía que ocurrieran. Además, él se consideraba un hijo obediente, que asistía regularmente los domingos al servicio, que no faltaba a las reuniones bíblicas, y nunca fue escaso con sus diezmos y ofrendas, seguramente algo había pasado por alto, pero en fin ya habría tiempo para analizarlo después se dijo. 
Muchos de nosotros podríamos identificarnos con estas situaciones, tal vez no por la exactitud de las mismas, pero si porque muchas veces nos vemos sobrepasados por todo aquello que nos acontece en nuestra vida cotidiana. Es en estos momentos cuando nuestra reacción más lógica es intentar sacar fuerzas de donde no existen para que las situaciones nos encuentren por lo menos con los puños levantados, y en algunos casos como última opción, cuando ya no podemos más, entonces buscamos esa ayuda divina que nos permita afrontar la situación, cuando en realidad esa debería ser nuestra primerísima opción ya que la Biblia dice que no es con nuestras fuerzas, sino con Su Espíritu (Zacarias 4:6). 
Por eso, en estos casos, deberíamos preguntarnos cómo esta nuestra relación con Dios? Dependemos absolutamente de Él o es que estamos siendo religiosos, llenos de actividades que se interponen en nuestra intimidad diaria con nuestro Padre? Tenemos una verdadera y genuina relación con nuestro creador? Cómo está nuestra vida oración? O es que nos hemos llenado de actividades, las cuales aun con su manto de “buenas obras”, en realidad lo que logran es distanciarnos de Él? No es que las buenas obras sean malas, de hecho, el mismo Jesús dijo que cuando hacemos algo por el prójimo, se lo estamos haciendo directamente a Él (Mateo 25:40), pero cuando esas actividades ocupan todo nuestro tiempo y se interponen en nuestra intimidad con Dios, es cuando empiezan los problemas.
Satanás, la serpiente antigua es muy astuta, y como siempre anda al acecho buscando a quien devorar (1 Pedro 5:8), estamos expuestos a la posibilidad de que al igual que engaño a Eva, pueda engañarnos a nosotros (2 Corintios 11:3). El lobo ataca a la oveja que se aparta del rebaño!!!
Por eso la próxima vez que como malabarista estemos cuidando que las bolas que mantenemos en el aire no se caigan, humillémonos ante la poderosa mano de Dios, echando toda nuestra ansiedad sobre Él, quien además cuida de nosotros (1 Pedro 5:6-7 parafraseado), para que luego que hayamos sufrido un poco nos perfeccione, afirme y fortalezca (1Pedro 5:10), porque además todo resulta para bien para quienes aman al Señor (Romanos 8:28 parafraseado).

lunes, 30 de octubre de 2017

En la sala del juicio

Todo estaba predispuesto esa mañana para el importante juicio que se llevaría a cabo en unas horas más. La sala brillaba imponente, después de todo este no era un juicio más, sino uno que definiría el destino del acusado por el resto de su eternidad.
El fiscal acusador había llegado temprano con el legajo del caso bajo el brazo. Colocó sobre la mesa toda la información referente a los antecedentes del acusado. En los días previos se había tomado todo el tiempo necesario para estudiar cada una de las transgresiones que el pobre individuo había cometido en los años anteriores. Estaba seguro de dominar todo el historial del mismo. Se sabía al dedillo las veces que el acusado había faltado a cada una de las normas que estaban establecidas y que los habitantes de esa tierra debían cumplir. Los años que llevaba ejerciendo su función de acusador, presagiaban que esta vez quien estaba sentado en el banquillo de los acusados no se le escaparía como la vez anterior. Esta vez sí!, pensó. Al final del juicio el alma del pobre individuo iría a parar al lugar que le corresponde. Lo presentía, no había forma de que se salve. Los cargos en su contra eran demasiados, tantos que cualquier cosa que hubiese hecho por su cuenta para paliar lo malo de su conducta, no bastaría. La victoria estaba asegurada!!!!
Del otro lado del salón, el acusado aun esperaba un milagro. Algo que pudiese jugar a su favor y así evitar la condena de la que tanto le habían advertido anteriormente. Oh! si tan solo hubiese prestado atención a cada una de esas personas que en resumida cuenta le advertían que solo existía un camino a seguir, que solo había una forma de no terminar donde sería el llanto y el crujir de dientes, pero ya era demasiado tarde, él no había hecho caso a cada una de esas advertencias. Además, le habían dicho que el juez que atendería su causa llevaba años ejerciendo la profesión, y se caracterizaba por ser un juez lleno de amor. En otras palabras, podía esperar que no fuese tan duro con la condena, tal vez se compadecería y luego de un breve tiempo en un lugar donde paliar su culpa podría disfrutar de los beneficios que tenían quienes lograban salir airosos del juicio. Miró su reloj impacientemente, llevaba un buen tiempo en la sala y tanto el juez como su abogado defensor no aparecían. Mientras tanto el fiscal no dejaba de mirarlo con esa sonrisa en el rostro de quien se sabe triunfador.  Buscó distraer su mente con las cosas que había hecho en su vida pasada, como buscando contrapesar las buenas y malas obras de su vida anterior, porque después de todo no era tan mala persona, si bien tenía sus “pecadillos”, de los cuales se había arrepentido oportunamente, también tenía a su favor las buenas obras que había hecho.
Por fin llegó el Juez, acompañado del abogado defensor. Inmediatamente notó cierta familiaridad entre ellos, por lo que pensó que tal vez contase con cierta ventaja. Habrán estado conversando en la trastienda sobre su caso? Podría jugar a su favor el hecho de que aparentemente se conocieran desde hace mucho tiempo?
Inmediatamente se procedió a la apertura del juicio, la sola presencia del juez en la sala imponía respeto. Se lo veía como lo habían descrito anteriormente, un juez de puro amor, pero un detalle había pasado desapercibido entre aquellos que habían dado referencias de Él, y es que también se lo veía un juez justo. Se sentó en el trono principal, saludó a los presentes y seguidamente se dispuso a escuchar con atención los pormenores de la causa. El fiscal acusador hizo uso de la palabra y descargó toda su artillería de pruebas contra el acusado. Una vez que terminada su exposición el juez se dirigió al abogado defensor, y con un tono solemne pero fraternal le preguntó, se halla su nombre inscrito en el libro de los que viven? La sala enmudeció atenta a la respuesta. El fiscal aguardaba estupefacto.
La Biblia declara que, ante el juicio del gran trono blanco, quienes no tengan su nombre inscrito en el Libro de la Vida, serán lanzados al lago de fuego (Apocalipsis 20:15), pero al mismo tiempo dice que de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su unigénito Hijo, para que todo aquel que en Él crea, no se pierda y tenga vida eterna (Juan 3:16). 
Cuando estemos sentados en el banquillo, cuál será la respuesta? Figuraría nuestro nombre en ese Libro de la Vida? Porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación (Romanos 10:10). Esto no es por algo que nosotros mismos hayamos podido hacer o conseguir, sino por la Gracia y el Favor de Dios. No es el resultado de nuestras acciones, de modo que nadie puede gloriarse por ello (Efesios 2:8-9 NTV Parafraseado), porque hay uno solo que fue molido por nuestros pecados, y sobre quien cayó el precio de nuestra paz (Isaías 53:5 parafraseado). De la respuesta depende nuestra vida eterna!!

jueves, 31 de agosto de 2017

Qué les podemos pedir?

Fue la pregunta que surgió en un grupo de whastapp al que pertenezco, cuando alguien subió la foto de un vehículo de alta gama estacionado en un lugar prohibido frente a una institución de educación a la cual se supone asiste gente de cierta posición económica. Y es que muchas veces en nuestra vida nos encontramos con circunstancias en las cuales la educación cívica y nuestro buen juicio nos dictan que el actuar de alguien más no es el correcto. 
En la mayoría de las veces damos rienda suelta a nuestros impulsos y nos convertimos en jueces y verdugos de quienes se han equivocado en su proceder, y por si esto fuera poco en el ejercicio de esta auto-proclamada investidura, parecería ser que la vara de medición la ajustamos a ojo de buen cubero según el grado de instrucción que estimamos haya recibido el sujeto sentado en el banquillo de los acusados. 
En la mayoría de las veces la altura de esta vara la ajustamos con el nivel del poder adquisitivo, el cual no va más allá de una estimación nuestra según vemos como viste, en que se moviliza, el nivel de instrucción educativa que posea, o el lugar donde se haya formado. Y ni que decir si nos aventuramos a suponer el origen de su buen pasar. 
En otras palabras si estimamos que su poder adquisitivo es elevado nuestro nivel de exigencia hacia su conducta será más estricto, y esto porque a nuestro criterio tuvo más oportunidades que otros, y por ende, si la estimación de su posición financiera es baja, el nivel de exigencia tiende a ser más permisivo, puesto que suponemos ha tenido menos oportunidades en la vida, o dicho de otra manera que les podemos pedir a los menos favorecidos económicamente, si los que tienen mayores oportunidades no son capaces de…… (complete el lector la frase con las palabras que sean de su agrado).
En el Sermón del Monte, como son conocidas las enseñanzas de Jesús que se encuentran en los capítulos cinco, seis y siete del Libro de Mateo, encontramos lo que la propia Palabra de Dios definió como la Regla de Oro, “así como quieres que hagan contigo, hazlo tú a los demás.”
Normalmente este principio se explica desde la óptica de que debo ser yo el primero que lo ponga por práctica, para luego esperar que los demás lo hagan, lo cual es correcto. De hecho, el mismo Jesús enseñó que primero debemos mirar la viga en nuestro ojo, antes que la paja en el ajeno (Lucas 6:42 parafraseado). Pero, nos hemos preguntado que pasaría si en vez de juzgar a los demás, les pidiéramos que apliquen este mismo principio? Si a todos por igual sin entrar a tallar las oportunidades que hayan tenido, o la formación que hayan recibido, o más allá de su condición económica, la vara de medición fuese la puesta en práctica de esa “Regla de Oro”?. Seriamos capaces de imaginar un mundo en el que todos nuestros actos estén guiados por la manera en que los mismos afectarían a nuestros prójimos? Dónde cada decisión que uno tome, esté fundamentada en cómo afectaría a los demás?
Ya sé! Suena muy idealista, pero en realidad estaríamos dando cumplimiento al nuevo mandamiento que nos dio Jesús, el que nos amemos unos a otros (Juan 13:34-35 parafraseado).
Algunos tal vez piensen que en el tiempo en que se escribieron los libros que componen la Biblia muchas de las situaciones actuales no se vivían o no formaban parte de la realidad de ese momento. Otros tal vez sostengan que los problemas a los que nos enfrentamos en la actualidad difieren de los que en ese tiempo existían, o son mucho más complejos, o peor aún consideren que lo que en ella está escrito no se ajusta a la actualidad de hoy. Otros tal vez prefieran separar las cosas y dejar las cuestiones “religiosas” al ámbito de la iglesia, algo así como si viviéramos en compartimiento estancos, pero eso sería como tratar de separar al hombre en áreas independientes, como, por ejemplo, separar las emociones de la parte física o biológica, y sabemos que el ser humano es una unidad integral, única e indivisible.
Lo cierto es que en la Biblia se encuentran un cumulo de enseñanzas, la cuales sirven al hombre para tener una vida exitosa, llena de optimismo y de salud mental, en ella encontramos solución para los más diversos y variados temas a los que se enfrenta la humanidad, y por si fuera poco transforma la mente y los corazones de quienes se aferran a Ella. Ocurre que lastimosamente satanás, el dios de este mundo, ha cegado el entendimiento de los incrédulos para que no les resplandezca la verdad del evangelio de Cristo (2 Corintios 4:4), y de ese modo con su astucia nos engaña diariamente al igual que lo hizo con Adán y Eva en los origines de la creación con el propósito de que vivamos alejados de Dios. 
Hoy al igual que en el pasado, Dios pone delante nuestro la vida y la muerte, y nos da la libertad de elegir entre ellas. Al optar por la vida; lo que en otras palabras significa elegir su Palabra; nos garantiza una vida de bendición (Deuteronomio 30:15-19 parafraseado). Por lo tanto, pongamos su Palabra por obra, alineemos nuestro corazón al centro de su Voluntad y esa paz que sobrepasa todo entendimiento guardará nuestros corazones (Filipenses 4:7 parafraseado).

viernes, 30 de junio de 2017

Orgullo que mata vs. Humildad que salva

Una de las definiciones que da el diccionario de la Real Academia Española de la lengua para el vocablo Orgullo, dice que es la arrogancia, vanidad o el exceso de estimación hacia uno mismo. Similar significado tienen la suficiencia, la soberbia, la altivez, el engreimiento y algunas otras palabras más, que muchas veces definen la conducta que tenemos los seres humanos hacia los demás.
En ciertas ocasiones de la vida, en distintas circunstancias que se nos presentan, cuando nuestra opinión o nuestro punto de vista con relación a determinada situación se ve confrontado, y nuestro ego se ve amenazado, parecería que nuestro sistema de defensa casi sin percibirlo ingresa en modo orgullo y no somos capaces de practicar la empatía o lo que es lo mismo ponernos en el lugar del otro, no somos capaces de siquiera intentar razonar como o porque el otro está haciendo o actuando como lo hace, y por ende lo menospreciamos. Esto automáticamente produce una brecha infranqueable que nos divide y distancia, la que indefectiblemente permanecerá hasta que alguno de los involucrados decida cambiar, su postura. 
En otras palabras, hasta que no construyamos puentes que conduzcan nuevamente a un reencuentro con la otra parte, esa brecha o distanciamiento permanecerá en el tiempo con la posibilidad de ir acrecentándose hasta un punto en que las posiciones asumidas por cada parte sean irreconciliables, y como uno no sabe las vueltas que da la vida, lo que tal vez hoy nos permita encontrarnos en una posición en la que nuestro orgullo y nuestra soberbia, nos otorguen una postura fuerte e intransigente, tal vez mañana no sea de ese modo, y hasta inclusive denote una debilidad. Es ahí cuando podríamos lamentar el no haber sido más humildes de corazón. 
Nuestro orgullo, arrogancia, soberbia, o como nos guste llamarla, nos puede jugar una mala pasada. Porque, en primer lugar, al permanecer cada uno en su posición difícilmente podamos encontrar una solución a la circunstancia o dificultad que estamos atravesando. Y esto es aplicable a todos los ámbitos de nuestra vida, tanto en el ámbito profesional, como el familiar, y hasta inclusive en lo social.
Muchas relaciones matrimoniales, familiares, laborales o incluso años de amistad se han visto afectadas porque en algún punto ninguna de las partes ha querido ponerse en la posición de la contraparte. Cuántas veces el hecho de sobreestimar nuestras acreencias, sean del tipo que estas sean, no han permitido que podamos encontrar un punto de convergencia para evitar que relaciones de larga data se vean interrumpidas por supuestas posturas irreconciliables. En segundo lugar y aún más importante todavía, es que el hecho de que permanecer en el orgullo hace que vayamos en contra de lo que la Palabra de Dios dicta y es que ella nos dice que debemos ser realistas al evaluarnos a nosotros mismos y que ninguno debe creerse mejor de lo que realmente es (Romanos 12:3 NTV parafraseado). Justamente este fue el pecado de satanás, el cual aun habiendo sido creado perfecto, lleno de sabiduría y acabado de hermosura (Ezequiel 28:12), enalteció su corazón y a causa de ello corrompió su sabiduría (Ezequiel 28:17 parafraseado). 
En otras palabras, sabiéndose perfecto, fue falto de humildad y quiso ocupar el lugar de Dios, rebelándose contra Él, y del mismo modo cuando nuestro orgullo y nuestra soberbia nublan nuestro entendimiento nos exponemos a que igual que a satanás nos falte humildad, y se produzca en nosotros la misma rebeldía para con Dios, cosa que Él detesta, y lo dice bien claro en su Palabra, la soberbia y la arrogancia aborrezco (Proverbios 8:13 para fraseado), y como consecuencia resiste a quienes hacen gala de ella, dando en cambio gracia a los humildes (Santiago 4:6 parafraseado). 
El problema de la rebeldía no radica solamente en que nos exponemos a rechazar a Dios y todo lo que ello implica para nuestra vida eterna; puesto que al ser la rebeldía equivalente al pecado de hechicería (1 Samuel 15:23) formaremos parte de los que la practican, y por lo tanto tendremos nuestra parte en el lago de fuego que es la muerte segunda (Apocalipsis 21:8); sino que además cuando no oímos la voz de Dios, quedamos a la dureza de nuestro corazón y caminamos en nuestros propios consejos (Salmos 81:11-12 parafraseado), y como lo dijo Jesús, separados de Él nada que lleve buenos frutos podremos hacer (Juan 15:1-5).
En todo caso, si de algo debemos gloriarnos, si de algo nos deberíamos sentir orgullos, debería ser de conocerlo y comprender que Dios es el Señor, que actúa en la tierra con amor, con derecho y justicia. Esto es lo que le agrada (Jeremías 9:24 parafraseado). Porque después de todo, todo es de Él, por Él y para Él. A Él sea la gloria por lo siglos. Amén (Romanos 11:36).

miércoles, 31 de mayo de 2017

Moneditas de Oro

En cierta ocasión conversando con una persona sobre diversos temas referente a las relaciones interpersonales, mi interlocutor me dijo que llegó a la conclusión de que él no era monedita de oro para caerle bien a todo el mundo.
En ese momento parecía ser una manera de pensar bastante realista, y hasta una buena justificación para cuando uno no comparte la manera de pensar de otros. Y es que no podemos pretender caerle bien a todo el mundo, puesto que eso implicaría que debemos pensar y actuar todos de la misma manera y se sabe que ello no es posible. Y es que siempre van a existir diferentes posturas y diferentes puntos de vista sobre hechos y circunstancias determinadas, debido a la diversidad de personas existentes sobre la faz de la tierra. Algunos compartiremos ciertos criterios o pensamientos con otros, pero difícilmente estaremos de acuerdo en la totalidad de las cosas, salvo que lo hagamos expresamente y con intencionalidad, es decir buscando la aceptación de determinado grupo al cual deseamos pertenecer. 
Abraham Maslow, autor de la famosa pirámide que lleva su nombre, habla de la jerarquía de las necesidades humanas, y las clasifica en cinco categorías en orden de prioridades donde la cuarta categoría corresponde a las necesidades de estima o reconocimiento.
Esta necesidad de autoestima es lo que da el pilar fundamental para que el ser humano se convierta en una persona de éxito o alguien abocado hacia el fracaso. Es por ello que cuando la persona siente que su autoestima es baja, busca por otros medios el reconocimiento público como un arma de defensa ante la sensación de fracaso o inseguridad que percibe de sí misma. 
En la Biblia encontramos varios ejemplos de gente que ha sufrido de baja autoestima o inseguridad, y de cómo reaccionaron ante determinada situación. Uno de ellos fue el propio Moisés, quien no se creía capaz de enfrentarse a Faraón aun cuando Dios, le dijo que estaría con él (éxodo 3:10-12 parafraseado), sin embargo, aun así, se presentó ante Faraón y ya sabemos cómo terminó la historia, fue él quien guio al pueblo de Israel a través del desierto. Otro ejemplo es el de Gedeón, a quien un ángel de Jehová le dijo que el libraría a su pueblo de los madianitas que los asolaban, y aunque era el menor de la casa de su padre, una pobre familia de la tribu de Manasés, aun lleno de dudas hizo caso de la promesa de Dios y cumplió su propósito (Jueces 6-7).  En cambio, tenemos el caso del Rey Saul quien cuando Samuel le profetizó que sería ungido por rey para Israel se consideró el menos importante de la pequeña tribu de Benjamín y en consecuencia se escondió (1 Samuel 9:22). Y ni que decir cuando se enfrentó a los filisteos en Gilgal, en vez de confiar en la palabra que había recibido por parte de Dios, actuó locamente y sin prudencia, lo que le costó que su reino no fuera duradero. (1 Samuel 13:11-14), y si a eso le sumamos su desobediencia a los mandamientos de Jehová (1 Samuel 15) comprenderemos por qué fue desechado.
El punto es, que no importa cómo nos veamos a nosotros mismos, o la impresión que podamos causar en los demás. Lo que a cada uno de nosotros le debe importar es como nos percibe Dios?, Qué opinión tiene de nosotros? Si al final seremos hallados siervos buenos y fieles, o seremos desaprobados como aquel que por temor escondió los talentos (Mateo 25). 
La Biblia nos dice que no debemos buscar la vanagloria del mundo, la cual no viene de Dios, sino del mundo en que vivimos, y las cosas del mundo y sus deseos pasarán, pero aquel que hace la voluntad de Dios, ese permanecerá para siempre (1 Juan 2:16-17 parafraseado). Por otro lado, si lo que buscamos es el reconocimiento de los hombres, el ser alabados por ellos, pues bien, esa será toda la recompensa que recibiremos y nada más. En cambio, por el contrario, si todo lo que hacemos lo hacemos buscando la justicia del Reino de Dios sin hacer alarde de ello, nuestro Padre que está en lo cielos lo verá, y nos recompensará en público (Mateo 6:1-4 parafraseado). En otras palabras, el norte de nuestra brújula debe estar en agradar a Dios, haciendo todo lo que hagamos de corazón, sabiendo que de Él recibiremos la recompensa de nuestra herencia. (Colosenses 3:23-24 parafraseado).
No importa si nos sentimos capacitados o no para llevar a cabo la tarea que se nos encomienda, recordemos que solo nos basta su Gracia, la cual se perfecciona en nuestra debilidad (2 Corintios 12:9) y que lo vil de este mundo fue escogido por Dios para avergonzar a los sabios y a los fuertes (1 Corintios 1:26-28 parafraseado). Una pregunta final, en que banco nos cotizaremos como monedas de oro?

domingo, 30 de abril de 2017

Tolerancia Cero

A finales del siglo pasado la ciudad de Nueva York, era conocida por ser una de las ciudades más inseguras dentro de los Estados Unidos, producto de una combinación de vandalismo juvenil, epidemia de una de las drogas más adictivas que se conocen; el crack; y la corrupción imperante en el departamento de policía. En ese entonces se producían alrededor de más de cuatrocientos delitos por día.
Hoy en día esta ciudad se encuentra en una situación mucho mejor en materia de seguridad. Dicho cambio fue producto de una política que implementó el entonces alcalde de la ciudad, el señor Rudolph Gialiani y que se denominó tolerancia cero,
la cual tenía como uno de sus pilares, el no dejar impune el más mínimo acto delictivo, aun por más pequeño que este fuese. Esta política estaba basada a su vez en un estudio realizado en la Universidad de Harvard conocido como la Teoría de las Ventanas Rotas, la cual dice que, si en un bien existe un desperfecto visible por más pequeño que este sea, y no es reparado rápidamente, los vecinos terminarán por romper el resto de la pieza con defecto, y eventualmente toda la propiedad terminaría siendo destruída.
Si bien esta política permitió que la ciudad de Nueva York se recuperase de la mala fama acaparada en la última década del siglo pasado hasta convertirse hoy en una de las ciudades más segura de los Estados Unidos, que pasaría si llevamos la política de tolerancia cero a su expresión más extrema y personal, y la convertimos en un estilo de vida? 
No estoy diciendo que debamos negociar con las actividades delictivas o inmorales y adoptar una posición de mayor flexibilización con respecto a ellas. Estamos de acuerdo que cualquier acto criminal por más pequeño que sea debe ser juzgado y sancionado dentro de una ley justa y equitativa para todos sustentada en la premisa de que todo ser humano merece una segunda oportunidad para corregir sus errores, puesto que después de todo, si Dios nos da una segunda oportunidad a cada uno de nosotros, entonces quienes somos para no hacerlo con los demás?
Me refiero en realidad a cuando adoptamos la política de tolerancia cero para con nuestro prójimo en relación con las circunstancias que nos tocan vivir en el día a día y entonces no somos capaces de tolerar distintas maneras de pensar, no aceptamos que los demás puedan tener otro punto de vista que pudiese diferir del nuestro, y ni que decir cuando nos topamos con personas a quienes no conocemos, ni de quienes no sabemos absolutamente nada, y mucho menos que situación pueden estar atravesando en determinado momento, pero sin embargo somos implacables con ellos y le aplicamos toda la carga de nuestra intolerancia. El mínimo error desde nuestra óptica, y descargamos con ella toda la furia que podamos tener dentro.
Lo triste es que esta manera de reaccionar en muchas ocasiones se da hasta con quienes nos hacemos llamar hijos de Dios, sea cual fuera nuestra denominación congregacional, la mayoría de las veces estamos prestos a no dejar pasar por alto cualquier situación, cualquier error, inclusive de aquellos a quienes no conocemos pero que por algún motivo se cruzan en nuestros caminos y tienen la desdicha de que no aprobemos su manera de pensar o sus actos.
Este tipo de reacciones no se condice con lo que se espera de un hijo de Dios, ya que su Palabra nos dice que debemos andar como es digno para los llamados en Cristo Jesús con toda humildad y mansedumbre con paciencia en amor (Efesios 4:2 parafraseado), y que debemos soportarnos unos a otros, que si alguno tiene queja contra otro se la perdone, de la manera que Cristo nos perdonó, y que la paz de Dios gobierne el corazón de cada uno (Colosenses 3: 13-15 parafraseado).
Aun cuando nuestras limitaciones humanas quieren gobernar nuestros actos, debemos determinarnos a no permitirlo, pero y como lo logramos? Pues muriendo cada mañana a nuestra carne para activar la conciencia de Dios en nuestra vida. Nuestras decisiones no pueden ni deben ser emocionales, porque estas son originadas en el corazón y sabemos que el mismo es engañoso más que cualquier cosa (Jeremías 17:9 parafraseado), por lo tanto, por sobre toda cosa guardada debemos guardarlo, porque de él emana la vida (Proverbios 4:23).
Finalmente, nos gustaría ser receptores de la intolerancia de los demás? Estamos de acuerdo con que nos apliquen la tolerancia cero? O nos gustaría que la gente nos tenga paciencia? Pues entonces tratemos a los demás como nos gustaría que nos traten a nosotros, que después de todo es la Regla de Oro la que nos enseñó Jesús en el Sermón del Monte (Mateo 7:12). Evitar la pelea es una señal de honor; solo los necios insisten en pelear. (Proverbios 20:3 NTV).

viernes, 31 de marzo de 2017

Tercera Ley de Newton (principio de acción y reacción)

Sir Isaac Newton fue entre otras cosas, un matemático, filósofo y físico de origen ingles a quien se le deben las leyes que llevan su nombre y que establecen las bases de la mecánica clásica, y en particular aquellas que hacen relación al movimiento de los cuerpos.
Una de estas leyes conocida como la Tercera Ley de Newton, o principio de la acción y reacción, dice que a cada acción corresponde una reacción igual, pero de sentido contrario, o en otras palabras en cualquier interacción hay un par de fuerzas de acción y reacción situadas en la misma dirección con igual magnitud y sentidos opuestos. En términos más sencillos si golpeamos una mesa con fuerza, la sensación de dolor que sentimos es producida por la mesa que ejerce la misma fuerza sobre nuestro puño.
Esta misma interacción la podemos encontrar en muchas circunstancias de nuestra vida, y no solo en lo concerniente a movimientos y fuerzas aplicadas, sino también en la forma en que nos desenvolvemos en nuestro diario andar.
Salomón el hombre más sabio que ha existido a través de los tiempos (1 Reyes 4:30-31) y autor del Libro de los Proverbios ya lo dijo, la blanda respuesta aplaca la ira, en cambio la lengua áspera hace subir el furor (Proverbios 15:1). Dicho de otra forma, si queremos que nuestros oídos perciban palabras agradables (reacción), pues entonces debemos aplicar una acción igual, pero en sentido contrario. Es así de simple, y no existe otra manera. Para cosechar manzanas no puedo plantar limoneros.
Algo similar ocurre con el servicio a los demás. A quién no le agrada recibir ayuda de la gente que le rodea? Me atrevería a decir que, a todos nosotros en los momentos de angustia, dolor y necesidad, nos agrada que la gente que está alrededor de uno, le brinde su ayuda y colaboración (reacción). Pero deberíamos preguntarnos, sí por nuestros actos (acción) somos merecedores de dicha reciprocidad.
En este punto surge la pregunta del por qué debemos dar nosotros el primer paso (acción), y por qué no podríamos ser nosotros quienes reaccionan en vez de ser los que accionan?? Jesús dijo que sí alguno quería ser el primero en el Reino de los Cielos, debería hacerse el servidor de todos y ser el postrero (Marcos 9:35 parafraseado), por lo tanto debemos ser nosotros quienes demos el primer paso (acción) antes de esperar que sea nuestro prójimo quien lo haga, y debemos actuar de esta manera no solo con nuestro círculo más íntimo, o con quienes no tenemos ningún tipo de dificultad, sino inclusive con aquellos de los que nos separa alguna diferencia, y hasta con quienes no conocemos, puesto que también sobre ellos Dios hace salir el sol (Mateo 5:38-46 parafraseado).
Del mismo modo ocurre en nuestra relación con Dios, puesto que sí bien es cierto que los pensamientos que tiene Dios para cada uno de sus hijos son pensamiento de bien y no de mal (Jeremías 29:11 parafraseado), y de hecho en su Palabra existen más de tres mil promesas para cada uno de nosotros, para poder activarlas Él nos pide que las guardemos y pongamos por obra (acción), y no solo una parte, sino todo lo que en ella, la Biblia, se nos indica que hagamos puesto que entonces haremos prosperar nuestro camino y todo nos ira bien (reacción) (Josué 1:8 parafraseado).
Dios es un Dios misericordioso, quien nos amó con un amor ágape o incondicional aun antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4), pero sin fe (acción) es imposible agradarlo puesto que el que a Él se acerca, es necesario que crea que existe y que es galardonador de los que le buscan (Hebreos 11:6 parafraseado).
Hoy Dios pone delante de nosotros la vida y la muerte, escojamos pues la vida andando en sus mandamientos y amándolo (acción), para Jehová nuestro Dios nos bendiga y seamos multiplicados (reacción) (Deuteronomio 30:15-16 parafraseado)
En una escena de la película El Gladiador, el general romano Máximo Decimo Meridio arengando a sus hombres para la batalla, les dice que lo que uno hace en la vida (acción) tiene su eco en la eternidad (reacción), y más allá de la forma en que asumamos que sea esa eternidad, o como podemos acceder a ella, lo que hoy decidamos y la manera y el modo en que nos conduzcamos definirá nuestro destino en el más allá. Seremos herederos de Dios y coherederos con Cristo de la Gloria venidera (Romanos 8:17 parafraseado)? De nosotros depende!!

lunes, 27 de febrero de 2017

El genio de la lámpara

Me atrevería a decir que no hay quien no conozca la historia del clásico cuento infantil de Aladino y la lámpara maravillosa, que fue sacado de la obra Las mil y una noches, la que a su vez es una recopilación de cuentos tradicionales de Oriente Medio. El mismo nos relata la existencia de un genio dentro de una botella, el cual cuando es liberado ofrece en recompensa a la persona que lo libera una cantidad determinada de deseos, cuales quiera que estos sean. Este cuento ha servido de inspiración para una buena cantidad de chistes y chascarrillos de los más variados e inclusive hasta una serie de televisión, que los que somos ya un poco mayores tal vez la recordemos, Mi Bella Genio.
A quien no le gustaría encontrarse en la vida real una lámpara como esta, que con solo frotarla aparezca un genio que nos conceda deseos, que, aunque solo sean tres, son suficientes para solucionar varios de los problemas que nos aquejan en nuestra vida diaria y tal vez hasta nuestro futuro.
Los que hemos aprendido a tener una genuina relación de Padre e hijo con nuestro Creador, una que vaya más allá de una relación religiosa, por lo general lo hacemos por uno de dos motivos, por amor o por dolor, y me atrevería a decir que en la gran mayoría de los casos lo hacemos por esta última razón. Llegamos a rendirnos a sus pies llenos de heridas, tal vez con un corazón lastimado por cuestiones del pasado, magullados por los golpes que nos dio la vida, y hasta insatisfechos, sintiendo un gran vacío dentro nuestro. Es por ello que cuando nos dicen que Dios suplirá todas nuestras necesidades conforme a sus riquezas en Cristo Jesús (Filipenses 4:19), muchos pueden llegar a pensar que desde ese instante se acaban las dificultades, los sufrimientos, las necesidades y porque no también las aflicciones. Es como si Dios viniese a suplir en este mundo real la carencia del genio de la lámpara del mundo imaginario, y si bien es cierto, que si nosotros aun siendo malos sabemos dar buenas dadivas a nuestros hijos, cuanto más no nos dará Dios a quienes se lo pidamos? (Mateo 7:11 parafraseado), y aunque es cierto que la Palabra de Dios nos dice que sus pensamientos para con nosotros, son pensamientos de bien y no de mal (Jeremías 29:11 parafraseado), y que lo que Él tiene para los que le aman son cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni subió a corazón de hombre (1 Corintios 2:9 Parafraseado), no es menos cierto que fuimos advertidos por el mismo Jesús que en este mundo tendríamos aflicciones, pero que también no debíamos preocuparnos, puesto que Él ya había vencido al mundo (Juan 16:33 parafraseado).
La cuestión está, en cuál es la motivación de nuestro corazón, qué es lo que nos mueve, y es que muchas veces no recibimos aquello que anhelamos porque lo pedimos mal, lo hacemos para saciar nuestros deleites (Santiago 4:3 parafraseado). No debemos olvidar que Dios escudriña nuestra mente y prueba nuestros corazones, el cual es más engañoso que cualquier otra cosa (Jeremías 17:9-10 parafraseado).
Es que, en realidad, muy dentro nuestro podríamos llegar a suponer que Jesús, siendo el Hijo de Dios, vino a este mundo, para que nosotros pudiésemos conseguir todo lo que anhela nuestro corazón? Pasó lo que pasó en la Cruz del Calvario, tal como la película de Mel Gibson intenta reflejarnos, la cual se acerca bastante a la realidad, aunque esta aun supera a la ficción, para que nosotros podamos saciar nuestras necesidades? Para que cada uno de nosotros podamos conseguir todo aquello que deseamos obtener en esta vida? Era este el Plan Divino?
Es cierto, Jesús vino a libertar a los oprimidos y quebrantados de corazón, a sanar enfermos y a pregonar buenas nuevas a los pobres (Lucas 4:18 parafraseado), pero también les dijo a José y Maria cuando fueron a buscarlo con angustia, que en los negocios de su Padre le era necesario estar (Lucas 2:48-49 parafraseado). Y cuál es ese negocio? De que se trata? Pues bien, de la salvación de las almas que día a día se pierden, que día a día van a parar al infierno en las manos de satanás, porque como dice la Biblia, su pueblo perece por falta de conocimiento (Oseas 4:6 parafraseado).
Jesús dijo que nuestro Padre Celestial sabe de qué tenemos necesidad, pero que busquemos primeramente su Reino y su Justicia, y que todo lo demás nos vendría por añadidura (Mateo 6:32-33 parafraseado), y si dijo que lo hará, así será pues no es hombre para mentir, ni hijo de hombre para arrepentirse (Números 23:19 parafraseado).
Por cierto, en el cuento del genio de la lámpara, en determinado momento el protagonista lo pierde todo en manos de un embaucador, lo que fácil viene fácil se va. Solo logra triunfar sobre la adversidad cuando finalmente obtiene cierto grado de madurez. No esperemos a tener que madurar a la fuerza, acerquémonos pues confiadamente al torno de la Gracia (Hebreos 4:16).

martes, 31 de enero de 2017

Guiados por la obediencia

El alba despunta y la noticia empieza a propagarse rápidamente. Todos los medios del mundo dan eco a la tragedia que se ha cobrado una buena cantidad de vidas. Del total de personas que iban a bordo solo unas pocas han logrado salvarse. El mundo perplejo y atónito sigue el desarrollo de la noticia, ávido de información por conocer y entender las causas de tan grave acontecimiento. En medio de todo este caudal de información uno de los pocos sobrevivientes en su relato cuenta que en ningún momento habían sido informados de la gravedad a la que se enfrentaban. Ya cuando el desenlace era inminente recién se percataron de lo delicado de la situación. 
Aun cuando al inicio del recorrido fueron debidamente informados e instruidos con las medidas de seguridad que debían guardar en todo momento, el no estar alertas para el desenlace provocó que solos unos cuantos puedan salvarse. Aquellos quienes sin dudar o cuestionar los procedimientos, siguieron las instrucciones para situaciones como estas lograron salir ilesos, con tan solo algunas magulladuras.
Si bien lo anterior relata un acontecimiento puntual, cuantas veces en nuestra vida nos comportamos de esa manera? Cuantas veces en nuestro diario andar vamos por la vida sin estar preparados para lo que ella pueda depararnos? Jesús dijo a sus seguidores que debían velar y orar en todo momento porque uno no sabe cuándo será el tiempo (Marcos 13:33 parafraseado), y es que en cualquier momento nuestra realidad puede cambiar, y nuestro futuro ser alterado de manera drástica.
Más allá de que podamos o no estar de acuerdo con las Escrituras Bíblicas, más allá que nuestra lógica humana o que nuestra capacidad de raciocinio nos lleve a relativizar o poner en duda lo que en ella está escrito, eso no significa que la misma carezca de valor o que no vaya a suceder lo que dice que sucederá. Jesús dijo que el cielo y la tierra pasarían pero que sus palabras no lo harían (Mateo 24:35 parafraseado), y que el día menos pensado el Hijo del Hombre, Jesús, vendría por su Iglesia, lo cual es mencionado en varias partes de la Biblia por Pablo, por Pedro y hasta inclusive en un libro dedicado exclusivamente a ello, el del Apocalipsis o libro de las Revelaciones.
Está claro que la salvación no es por obras, para que nadie pueda gloriarse por ello, sino por la Gracia Infinita de Dios, por medio de la fe (Efesios 2:8-9 parafraseado), porque no hay nada que nosotros podamos hacer para ser salvos más que creer en nuestro corazón y confesar con la boca que Jesucristo es el Señor a quien Dios levantó de entre los muertos (Romanos 10:9 parafraseado), pero la Palabra de Dios también dice que debemos cuidar esa salvación con temor y temblor (Filipenses 2:12 parafraseado), y que la fe sin obras es muerta (Santiago 2:17).
Pero entonces, de qué tipo de obras estamos hablando? Que es lo que podemos hacer para que esa fe no muera?  En el sermón del monte, en el Evangelio de Mateo del capítulo 5 al 7, Jesús enseña a la multitud que lo sigue, sobre una diversidad de temas muy variados, como por ejemplo que debemos ser la sal y la luz del mundo, del amor a los enemigos y el juzgar a los demás, sobre la oración y los juramentos, sobre el afán y la ansiedad, sobre la importancia de hacerse tesoros en el cielo, y otros temas más igual de importantes, y para finalizar, el broche de oro, la cereza de la torta, compara a quienes oyen esas enseñanzas y las ponen por obra con un hombre prudente que edifica su casa sobre la roca, la cual ante la adversidad se mantiene firme, porque está fundada sobre ella (Mateo 7: 24-25 Parafraseado).
Si queremos que todo nos vaya bien, entonces pues obedezcamos la Palabra de Dios, aunque a nuestro parecer sea malo o vaya en contra de nuestros intereses (Jeremías 42:6 Parafraseado), porque ella es lámpara a nuestro pies y lumbrera a nuestro camino (Salmos 119:105). 
Tengamos presente que Dios prefiere la obediencia a los sacrificios, y el prestar atención más que los holocaustos (1 Samuel 15:22 parafraseado), además sabemos que todo resulta para bien a quienes guardan un temor reverencial a Dios (Romanos 8:28 Parafraseado). En otras palabras, deseamos ser aceptos para el Señor, y no desechados por Él? Entonces no desoigamos su Palabra (1 Samuel 15: 23 Parafraseado). Deseamos no ser apartados como hacedores de maldad (Mateo 7:23 Parafraseado)? Pues edifiquemos entonces sobre la Roca que es Cristo, porque después de todo Él es el camino, la verdad y la vida, nadie llega al Padre si no es por Él (Juan 14:6), autor y consumador de nuestra fe (Hebreros 12:2).
Seamos sabios, guardemos su Palabra en lo más profundo de nuestros corazones en todo momento, haciendo la voluntad del Padre, y así podremos ser llamados sus hijos. (Mateo 12:50 Parafraseado).

domingo, 25 de diciembre de 2016

Una noche de algarabía

Ya todo está predispuesto para la reunión familiar, los últimos retoques a la mesa fueron realizados antes de que lleguen los invitados. El menú debidamente preparado, los adornos perfectamente colocados. Como es habitual en estas fechas el infaltable intercambio de regalos entre los seres queridos es una demostración de amor y afecto. Para completar el ambiente, de fondo se escuchan villancicos que le dan un toque de paz y serenidad al momento presente. Muchos de nosotros somos muy bendecidos, puesto que no todos pueden identificarse con esta situación.
Tal vez la nostalgia a ratos se adueñe de nuestros corazones por aquellas personas que no nos acompañan está noche porque la distancia o el ciclo de la vida han interpuesto una brecha que nos impide compartir con seres queridos este momento.
Atrás quedan los días previos con el estrés vivido para la organización de la cena, quien traerá que? Donde nos reuniremos? Cuanta gente seremos? Sumado a todo esto el hecho de que la rutina diaria continua con su vertiginosa velocidad, consumiendo las hojas de un calendario que se prepara para iniciar un nuevo ciclo de doce meses, con situaciones y realidades por delante a las que habrá que encararlas con todas nuestras fuerzas.
Ahora ya más relajados nos disponemos a pasar un momento agradable, esperando la medianoche para fundirnos en abrazos y felicitaciones con los mejores deseos de unos para con los otros, y de este modo continuar luego con la velada.
Y aunque es bueno hacer un alto en el año para recordar un acontecimiento tan importante como lo es el nacimiento de nuestro Señor Jesús; el cual fue dado a los hombres porque de tal manera nos amó Dios (Juan 3:16 parafraseado). Deberíamos preguntarnos cuál es el verdadero motivo de esta celebración. Son los buenos deseos? Las demostraciones de amor? Las reuniones familiares? O tal vez la oportunidad de que con el pretexto de estas celebraciones darnos algún gusto o deleitarnos con algo que normalmente durante el año no podamos disfrutar.
Si reflexionamos un poco sobre el acontecimiento que recordamos en estas fechas, deberíamos tener presente que hace dos mil años en Belén nos nació un salvador que es Cristo Jesús (Lucas 2:11 parafraseado), hecho que fue profetizado más de setecientos años antes de que ocurriera por el profeta Isaías durante el reinado del Rey Acaz en Judá (Isaías 7:14).
Treinta y tres años más tarde, ese mismo niño en completa obediencia a su Padre moriría clavado en una cruz, herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados, cayendo sobre Él, el castigo de nuestra paz (Isaías 53:5 parafraseado). 
Aun siendo Dios, y habiendo participado en la creación del mundo (Juan 1:3 parafraseado), se hizo hombre y vino a esta tierra a nacer en un establo, para cumplir con el plan divino (Lucas 2:7) y darnos el regalo de la vida eterna (Romanos 6:23 parafraseado).
De esto se trata esta celebración, del cumplimiento del plan de Dios, del cumplimiento de la promesa de restauración entre el hombre y su Creador. Estamos preparados para aceptarla? Nos sentimos dispuestos a aceptar este hermoso regalo? Son preguntas que cada uno de nosotros debemos responder en lo más profundo de nuestro corazón, ya que de la respuesta a las mismas dependerá nuestra conducta futura y por ende nuestro lugar en la eternidad.
Cuando el ángel del Señor se les apareció a los pastores en Belén les dijo que traía buenas nuevas de gran gozo (Lucas 2:10 parafraseado), en otras palabras, una noticia que al igual que a nosotros nos produciría una gran esperanza, porque finalmente la promesa de Dios, de que satanás estaría bajo nuestros pies (Génesis 3:15 parafraseado) se hacía realidad.
Aceptaremos el gozo que nos ofrece el mundo por el deleite de cosas que no perduran y por lo tanto no pueden saciarnos completamente? O nos gozaremos al aceptar el regalo de la vida eterna que nos ofrece Cristo, cuando hace dos mil años vino a este mundo para pagar todas nuestras deudas con nuestro Padre Celestial?
No está mal disfrutar con acciones de gracias de todo lo bueno que Dios pone en nuestra vida pero que no sea ese el foco de nuestra vida sino por el contrario, pongamos los ojos en las cosas del cielo, busquemos primeramente el Reino de Dios y su justicia, que todo lo demás vendrá por añadidura (Mateo 6:33 parafraseado).
Que el Espíritu Santo de Dios, el cual nos ha sido dado para ayudarnos y guiarnos nos recuerde en todo momento que de esto se trata la celebración de esta fecha, que tengamos presente que hace dos mil años, Dios se hizo hombre para pagar la deuda que nos pertenecía.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Con el sudor de tu frente

Desde que Adán y Eva tuvieron la mala idea de desobedecer las instrucciones de Dios en el Huerto del Edén, dejándose llevar por el engaño de satanás, la humanidad entera se ha visto obligada a ganar su sustento diario con el sudor de su frente (Génesis 3:19 NVI). Y esto es así para toda la humanidad sin importar distinción de raza, credo o posición social.
Lo cierto y concreto es que todos debemos trabajar para ganar nuestro sustento y el de nuestra familia, ya sea en relación de dependencia, como profesionales independientes o tal vez como empleadores dando trabajo a otros. De uno u otro modo todos en interrelación con otras personas ya sea en calidad de dependientes, de superiores, de proveedores o clientes, debemos trabajar para cubrir nuestras necesidades primarias y hasta inclusive aquellas cosas no tan primarias y de las cuales disfrutamos. El que no trabaja que no coma sentencia la Palabra de Dios (2 Tesalonicenses 3:10).
En un mundo ideal esta relación debería fluir sin ningún tipo de contratiempos y en perfecta armonía, pero convengamos que esta no es la realidad en nuestro día a día. Las presiones, las urgencias y las situaciones que se presentan, muchas veces nos llevan a enfrentar momentos limites que nos pueden sacar de nuestras casillas y consecuentemente con ellas terminamos reclamando, quejándonos y hasta inclusive maldiciendo a la persona que tenemos enfrente, y en algunos casos peor aún pues lo hacemos a sus espaldas.
Sin importar la situación en la que nos encontremos, o los hechos que puedan originar la fricción, la instrucción de Dios con respecto a cómo debemos conducirnos en situaciones similares es una y es bien clara. La Biblia nos enseña que debemos amar a todos, temer a Dios, y honrar a nuestras autoridades (1 Pedro 2:17 parafraseado) y por autoridades se entiende a toda persona sentada en silla de preeminencia, ya sean estos jefes, clientes, proveedores, etc.
La instrucción va un poco más allá aun de todo raciocinio humano y nos dice que debemos estar sujetos a nuestros superiores con todo respeto, y no solo a aquellos buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar (1 Pedro 2:18 parafraseado). En otras palabras, aun cuando nuestros superiores no se lo merezcan, aun cuando el trato que nos brinden sea deshonesto, y hasta puede que tal vez humillante, aun cuando nuestro corazón y nuestra mente nos llame a dar rienda suelta a los deseos de contienda presentando defensa y exponiendo nuestros argumentos, debemos honrarlos y respetarlos, puesto que esta es la voluntad de Dios para con cada uno de nosotros. No debemos olvidar que hemos sido llamados a no conformarnos a los rudimentos de este mundo, sino por el contrario a ser transformados por la renovación de nuestro entendimiento, hemos sido llamados a obedecer la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios para nuestras vidas (Romanos 12:2 parafraseado).
Significa esto que debemos aceptar de buenas a primeras, todo aquello que se nos presente? Todo con lo cual no estemos de acuerdo o consideramos que no es correcto? Pues bien, la Palabra de Dios nos enseña que cuando tengamos alguna cuestión que dirimir con alguien, lo hagamos directamente con esa persona, (Mateo 18:15 parafraseado), y no que vayamos presentando nuestras quejas y reclamos a quien se nos ponga en frente y tenga ganas de escucharnos, y es que, en realidad, debemos sacar de nuestras bocas toda maledicencia (Efesios 4:31) y todo chismerío (Levítico 19:16).
Deseamos que todo nos vaya bien? Deseamos vivir sosegadamente? Me imagino que sí, pues no creo que alguien en su sano juicio pueda disfrutar de una vida llena de contiendas, llena de dificultades y llena de aflicciones. Resulta extremadamente estresante pasar las 8 horas por día o tal vez más que dura la jornada laboral, cinco días a la semana en un lugar donde el ambiente no es agradable, donde las relaciones son difíciles y las circunstancias que se nos presentan requieren de nosotros un esfuerzo adicional constante.
Existe una manera para lograr vivir quieta y reposadamente, y es orando en todo momento por toda persona en eminencia, es decir por todas aquellos quienes que de alguna u otra manera ejercen autoridad sobre nosotros, ya sean nuestros jefes, nuestros clientes y hasta por las propias autoridades de nuestra nación (1 Timoteo 2:1-2 parafraseado). Honrémoslos con sencillez de corazón, como a Cristo no sirviendo al ojo humano, como quien quiere agradar al hombre, sino como siervos de Cristo (Efesios 6:5-6 parafraseado), haciendo todo, ya sea de palabra o de hecho en el nombre de Jesús, dando gracias a Dios (Colosenses 3:17 parafraseado), poniendo los ojos en las cosas del cielo y no de esta tierra (Colosenses 3:2).

lunes, 31 de octubre de 2016

Un Sistema Binario

Que en la actualidad la informática y la tecnología juegan un papel importante no creo que nadie lo puede negar. Cada vez más son los espacios ocupados por la tecnología en nuestro diario vivir, a tal punto que cuando por algún motivo nos vemos obligados a prescindir de ellos en nuestras actividades, nos sentimos atados de manos, a tal punto que parecería ser que no existe tarea posible de llevar a cabo si la tecnología no está disponible.
A medida que el tiempo transcurre cada vez son más los dispositivos que se van sumando al espectro de artefactos controlados por la ciencia informática. En otras palabras, informatizados, controlados por diminutos microprocesadores que le dan una serie de instrucciones a velocidades casi imperceptibles. Para explicarlo de un modo más sencillo una serie de instrucciones lógicas combinadas de si y no, representados por un sistema binario de dígitos 0 y 1,
pueden lograr el perfecto funcionamiento de un equipo básico como una calculadora de bolsillo, hasta sofisticados sistemas que colocan al hombre en el espacio, pasando por una variedad inmensa e inimaginable de artículos, dispositivos, equipamientos, y áreas.
Si nos detenemos y nos analizamos a nosotros mismos, podríamos decir que los seres humanos funcionamos de un modo bastante parecido. Ante cada situación que se nos presenta tenemos dos opciones de comandos o alternativas para decidir, las cuales obviamente a su vez van a generar otras dos opciones de si y no, y así sucesivamente. Siempre vamos a poder escoger entre estas dos opciones, las cuales van a generar consecuencias para nuestra vida, y ante las que vamos a tener que sentar una nueva postura, y asi de este modo por el resto de nuestra vida. Puede que nos tomemos un tiempo para pensar y decidir, pero siempre las opciones entre las que vamos a tener que elegir van a ser dos. Un camino o el otro. No existen medias tintas.
La Biblia dice que Dios pone delante nuestro la vida y la muerte, la bendición y la maldición, y nos invita a escoger la vida para que vivamos nosotros y nuestra descendencia (Deuteronomio 30:19 parafraseado). Lo que quiere decir que muchas de las decisiones que hoy tomemos no solo nos van a afectar a nosotros, sino también a nuestra descendencia, del mismo modo como nosotros nos vemos afectados por las decisiones de nuestros antepasados, razón por la cual debemos ser sabios para tomar las mejores decisiones.
Pero donde buscar esa sabiduría que nos asegure que cuando lleguemos al final del camino y miremos para atrás podamos decir que hemos tomado las mejores decisiones? Nuestra experiencia y el mundo que nos rodea muchas veces son la fuente de una sabiduría que nos orienta para actuar en determinado sentido, el cual a nuestro criterio es el camino correcto. También el sentido común nos puede ayudar en otras ocasiones, pero debemos tener presente que ese sentido común a menudo es el menos común de los sentidos, y por si fuera poco la sabiduría de este mundo es insensatez para Dios (1 Corintios 3:19).
Entonces donde buscar esa sabiduría, una que no pueda ser calificada de insensata? Bueno pues he aquí que la verdadera sabiduría es el temor reverente a Dios, y la verdadera inteligencia el apartarse del mal (Job 28:28 parafraseado).
Dios dice que clamemos a Él y nos responderá, nos mostrará grandes cosas ocultas y que desconocemos (Jeremías 33:3 parafraseado), por lo tanto, si en verdad deseamos adquirir la verdadera sabiduría, esa que nos ayude a tomar las mejores decisiones para nuestra vida y nuestra descendencia, debemos recurrir a la fuente de ella, la cual es la Escritura, que está inspirada por Dios, y es útil para hacer sabio al hombre para la salvación de su alma y la de su descendencia (2 Timoteo 3:15-16 parafraseado).
Dios nos manda que ante todo adquiramos sabiduría y que por sobre todas nuestras posiciones adquiramos inteligencia (proverbios 4:7). Esta es la adquisición suprema!!!
Los hombres desde nuestros inicios hemos buscado la sabiduría, la hemos buscado en todas partes. A lo largo de nuestra historia hemos evolucionado y adquirido cada vez más conocimiento, lo cual nos ha llevado a lo más profundo del mar, y hasta el espacio exterior en la búsqueda constante por adquirir conocimiento, suponiendo tal vez que cuanto más conozcamos, cuanto más sepamos, más sabios y más inteligente seremos, pero lo cierto es que aun cuanto más poseamos, cuanto más tengamos, si no tenemos a Dios en nuestro corazón, seguiremos estando vacíos, seguiremos tomando malas decisiones, las que no solo nos afectarán a nosotros sino que también a nuestras generaciones.
Entonces guardemos pues sus mandamientos y pongámoslo por obra, esta es nuestra sabiduría y nuestra inteligencia ante los ojos de los demás (Deuteronomio 4:5-6 parafraseado). Una de dos opciones, 0 o 1, sí o no.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Por nuestros propios medios?

“A trabajar porque el único que me va a dar todo en la vida soy yo mismo” y “Trabajo todos los días porque yo no heredé nada. Todo me lo gano yo solo” son dos frases que llamaron mi atención en una de las tantas pasadas diarias por las redes sociales. Meditando sobre las mismas a simple vista se podría decir que son motivadoras, puesto que nos invitan a esforzarnos para conseguir lo que anhelamos, y no a esperar que nos caiga de arriba como un hecho fortuito.
Ambas frases encierran un peligro encubierto muy grande si las miramos a la luz de Palabra de Dios que es la Biblia, puesto que según ambas el hombre por sus propios medios puede lograr todo lo que se proponga y satisfacer sus necesidades, con lo cual niega la provisión y la necesidad de Dios en su vida declarándose autosuficiente. Y es que el ser humano desde la fundación del mundo se vio tentando por el enemigo a ignorar y desobedecer a Dios, inclusive incitándolo a creer que podría llegar a ser igual a Dios (Génesis 3:4). 
Cuando uno compra esa mentira termina por creer que, con mucho trabajo, esfuerzo y dedicación, se consiguen los objetivos y se alcanzan las metas. por lo que queda expuesto a la altivez de espíritu y el orgullo, lo que conduce a la destrucción y la caída (Proverbios 16:18 NTV parafraseado).
Pero, nos hemos detenido alguna vez a preguntarnos de donde vienen nuestras habilidades y capacidades? O porque nacimos con tal o cual característica que nos permite sobresalir? Nos hemos cuestionado porque tuvimos la suerte de estar en determinado momento o circunstancias que hicieron posible que alcancemos logros, los se convirtieron en puntos de inflexión en nuestra historia?, O simplemente los disfrutamos?.
Dios dice que nos formó las entrañas aun cuando estábamos en el vientre de nuestra madre, y que fuimos hechos por sus manos (Salmos 139:13 parafraseado), que aun antes de que naciéramos ya nos conoció (Jeremías 1:5 parafraseado). Por lo tanto, todas nuestras cualidades, todas nuestras características se las debemos a Él. La Biblia nos dice que de Dios es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan (Salmos 24:1), y que, de Él, por Él y para Él son todas las cosas (Romanos 11:36), podemos no estar de acuerdo, y suponer que Dios no tiene nada que ver con nuestra genética o con las oportunidades que se nos presentan en la vida, sobre todo porque no somos iguales, y no todos tenemos las mismas oportunidades, y adicionalmente involucrar a Dios en todo en nuestra vida puede significar que Él también sea responsable por aquello que no nos agrada, o que tenga que elegir entre dos que persiguen el mismo resultado, pero solo uno puede obtenerlo, pero lo cierto y lo concreto es que en su soberanía fuimos predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad (Efesios 1:11).
Significa esto que debemos sentarnos a esperar que todo venga o se solucione de la noche a la mañana como por arte de magia en nuestras vidas, si de todos modos ya todo está predestinado? De ninguna manera, la Palabra de Dios es bien clara en este punto, el que no trabaja que no coma (2 Tesalonicenses 3:10 parafraseado). Como consecuencia de la caída del hombre en el Edén, Dios sentenció a la raza humana a ganarse el alimento con el sudor de su frente (Génesis 3:19 parafraseado), por lo tanto, para poder lograr las cosas en nuestra vida vamos a tener que esforzarnos y poner de nuestra parte la mayor de las veces.
Dios siempre hace las cosas en equipo. Así cuando los israelitas tomaron posesión de la tierra prometida, la instrucción fue precisa, esfuérzate y se valiente le dijo a Josué, y no una sino tres veces, con la promesa de que Él estaría con ellos (Josué 1:6-9), promesa que también es para nosotros. Cuando Jesús resucito a Lázaro también lo hizo trabajando en equipo, Él lo llamó, pero fue Lázaro quien tuvo que salir de la tumba (Juan 11:43).
Por supuesto que podemos tratar de hacer las cosas por nuestros propios medios, y hasta inclusive podríamos obtener los resultados que buscamos, pero deberíamos preguntarnos si será de bendición, o si traerá dolor y aflicción a nuestra vida. 
Los seres humanos fuimos dotados con la capacidad de tomar decisiones, y aunque todo nos es licito, no todo nos conviene y nos edifica (1 Corintios 10:23 parafraseado), por eso hagamos lo que hagamos, hagámoslo para la Gloria de Dios (1 Corintios 10:31 parafraseado), unidos a la vid que es Cristo porque separados de Él nada que lleve buenos frutos podremos hacer (Juan 15:5 parafraseado)

miércoles, 31 de agosto de 2016

Para todos por igual

En el capítulo 20 del Evangelio de San Mateo, Jesús narra la parábola de los trabajadores de la viña. En pocas palabras se trata de un padre de familia que sale a buscar obreros para que trabajen en su viña. A lo largo de toda la jornada fue contratando gente que cumpliera con la labor asignada, y al final del día abona a todos quienes trabajaron en su viña el mismo salario, tanto a los primeros como a los últimos. Quienes trabajaron tan solo una hora como aquellos que cumplieron una jornada más extensa, recibieron la misma paga, hecho que lógicamente originó el disgusto de estos últimos, que debido a que habían trabajado más horas, suponían que su paga sería mayor.
Muchas veces nosotros actuamos al igual que estos obreros con relación a las bendiciones que esperamos recibir del Señor, damos por descontado que la bendición que nos corresponde debería estar en directa relación al cumplimiento de tal o cual mandamiento, o de determinada obra. 
Es como si quisiéramos condicionarle a Dios, que por el hecho de ser obedientes a sus leyes y mandamientos Él está obligado a otorgarnos aquello que nuestro corazón anhela o desea. En otras palabras, y por si fuera poco muchas veces al escuchar los testimonios de otros sobre como el Señor obró de tal o cual manera sacándolo de una difícil situación, nos volvemos propensos a pensar que por el simple hecho de acercarnos más a Dios encontraremos el camino para salir de lo que nos agobia u obtener aquello que anhelamos, convirtiéndolo en una especie de fórmula mágica para obtener nuestros deseos. Hago esto a cambio de que me concedas aquello, o por mi obediencia estoy exento de pasar por determinada situación y todos mis problemas deberían esfumarse. 
No estoy diciendo que Él no pueda hacerlo, porque después de todo, si nosotros siendo malos, sabemos dar buenas dádivas a nuestros hijos, cuánto más nuestro Padre que está en los cielos no nos dará buenas cosas a quienes se lo pidamos? (Mateo 7:11 parafraseado). 
En otras ocasiones, cuando a pesar de toda nuestra supuesta obediencia, no estamos recibiendo sus promesas, podemos caer en el error de suponer que nuestras faltas y nuestros pecados son tan graves que nos impiden alcanzarlas. Es como si nuestras fallas fuesen imperdonables, con lo cual volvemos a Dios un mentiroso, porque su Palabra dice que si nos arrepentimos y confesamos nuestros pecados Él es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda nuestra maldad (1 Juan 1:9 parafraseado); y por si esto fuera poco su misericordia es buena y se renueva cada mañana (Lamentaciones 3:23 parafraseado). No quiere decir que nuestros actos y nuestras malas decisiones no tengan consecuencias que puedan afectar nuestro presente, y con las cuales tendremos que convivir mientras duren. Es como el clavo retirado de la madera que deja su imborrable huella.
Es por eso que debemos cuestionarnos muy seriamente cuales son las intenciones con las cuales nos presentamos ante Dios. Vamos tras las bendiciones de Dios o vamos tras el Dios de las bendiciones?, Qué es en realidad lo que nos motiva? 
No nos olvidemos que aquel que escudriña nuestros corazones conoce también las intenciones del mismo (Romanos 8:27 parafraseado), o en otras palabras nada podemos ocultarle, porque aun antes de que haya palabra en nuestras bocas, el Señor ya lo sabe todo (Salmos 139:4 parafraseado).
Jesús fue bien claro cuando nos dijo que debíamos poner los ojos en las cosas del cielo, y entonces todo lo demás vendría por añadidura, nos enseñó que debemos poner los ojos en las cosas del cielo y todo lo demás será añadido (Mateo 6:33) porque todo aquello que se ve es temporal, pero lo invisible es eterno (2 Corintios 4:18 parafraseado). 
Entonces, cuál es el secreto para poder atravesar los desiertos de nuestra vida lo más rápido posible? Qué se interpone entre nosotros y las bendiciones que Dios nos tiene preparadas? Pues rendirnos totalmente a Dios, y a su voluntad. Dejar de argumentar con Él y entregarnos por completo al propósito que nos preparó a cada uno. El ejemplo más palpable lo tenemos en Jesús quien en el Huerto de los Olivos sujetó su voluntad a la del Padre (Marcos 14:36 parafraseado). Aun cuando era totalmente consciente de todo lo que le vendría por delante, se enfocó en el propósito para el cual había venido, y no en su propia voluntad. Y sabemos que para quienes aman al Señor todas las cosas les resultan para bien (Romanos 8:28 parafraseado), y esto incluye a las dificultades, las penurias y los problemas.
Finalmente, para poder heredar las promesas del Señor para nuestra vida, debemos desarrollar principalmente dos frutos del Espíritu Santo que son la fe y la paciencia (Gálatas 5:22 parafraseado) porque son ellas, la fe y la paciencia las que heredan dichas promesas (Hebreos 6:12 parafraseado). Y aun cuando al igual que algunos héroes de la fe no alcancemos estas promesas, sino que las contemplemos desde lejos (Hebreos 11:13), tenemos la certeza que al igual que aquel a quien consuela su madre, así nos consolará nuestro Padre Celestial (Isaías 66:13 parafraseado).

domingo, 31 de julio de 2016

Una cita marcada

Conduciendo de regreso a la oficina luego de que la cita programada con el proveedor del servicio fuera cancelada, la molestia que sentía por quien faltó al encuentro previamente agendado y programado no dejaba de dar vueltas en mi cabeza. No podía entender como una empresa tan grande, pueda tratar de ese modo a sus clientes, y no una, sino dos veces!!!! Era una total falta de respeto!!!
En un mundo tan competitivo, donde la oferta es amplia y los consumidores somos cada vez más exigentes, es inconcebible ser tratado con tanto desprecio. Parecería que el tiempo de uno, no tuviese valor. Para completar, el servicio de atención al usuario me tenía en espera pues llamadas anteriores a la mía estaban siendo atendidas. 
Es de suponer que con la mala experiencia que particularmente estaba teniendo, seguramente eramos muchos los que queríamos quejarnos del mal trato recibido por parte de tan prestigiosa empresa.
Estos pensamientos me acompañaron durante varios kilómetros, con el correspondiente efecto multiplicador en mi sentimiento de frustración, ira e impotencia. El que a su vez producía una mayor irritación. Para ser bien claros, en ese momento mi carne tenía un total dominio sobre mi persona.
Cuando finalmente la calma fue volviendo a mí, y el dominio propio apareció nuevamente, el Señor empezó a hablarme al corazón. A mi mente saltaron los cuestionamientos de cuántas veces en la vida nosotros actuamos de ese mismo modo con nuestros prójimos? Cuántas veces faltamos a citas previamente acordadas? Pero por supuesto que en nuestro caso existirán mil y un motivos para explicar por qué no podemos asistir, y los mismos tendrían el peso de mil razones. Todas ellas muy valederas y bien fundamentadas, tanto que el no reconocerlas sería una total falta de consideración.
Finalmente, en las últimas cuadras antes de llegar a destino, una pregunta aguda y punzante sonó dentro mío. Una pregunta cuya respuesta confrontó mi corazón terriblemente, porque cuántas veces, los que nos hacemos llamar hijos de Dios, al iniciar nuestras actividades diarias dejamos de lado a nuestro Padre Celestial? Cuántas mañanas al levantarnos vamos directo a iniciar la jornada y dejamos esperando a quien nos regala la oportunidad de vivir un nuevo día? Cuántas veces no asistimos al encuentro matutino con nuestro Padre, quien, en su amor infinito, nos regala cada mañana un nuevo día para que nos gocemos y alegremos en Él? (Salmos 118:24 parafraseado).
Dios nos ha escogido aún antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4), y nos dice que Él será un Padre para nosotros y nosotros seremos sus hijos (2 Corintios 6:18 parafraseado) y como tales su Palabra nos llama a ser imitadores de Cristo (1 de Corintios 11:1 parafraseado), quien padeció por nosotros, dejándonos ejemplo para que sigamos sus pisadas (1 Pedro 2:21).
Escudriñando los Evangelios, encontramos que Jesús se apartaba para orar a lugares desiertos (Lucas 5:16). En otra ocasión siendo de mañana, aún en la oscuridad de la noche, se retiró al desierto a orar (Marcos 1:35-37 parafraseado). Inclusive en el momento de su más dura prueba, cuando debía ser entregado para cumplir con el propósito para el cual había venido a este mundo, se retiró a orar al Padre buscando su fortaleza para todo lo que debía enfrentar en ese momento (Lucas 22:41). 
Jesús nos enseñó que al orar no lo hagamos con vanas repeticiones y que lo hagamos en la intimidad de nuestra privacidad (Mateo 6:5-7 parafraseado), además a través del sacrificio de Cristo ahora tenemos entrada libre (Hebreos 10:19-20) y podemos disfrutar de su presencia y asimismo acercarnos confiadamente para buscar su ayuda y su socorro (Hebreos 4:16).
Además, por otro lado, a lo largo de toda la Biblia podemos darnos cuenta que la misma se trata de que Dios siempre ha buscado al hombre y no por el contrario como nuestro enemigo el diablo nos quiere hacer creer, que somos los hombres quienes creemos tener la necesidad de buscar a Dios. Pero ya sabemos que él es el padre de la mentira (Juan 8:44 Parafraseado).
Por lo tanto, si en verdad deseamos ser encontrados con un corazón conforme al corazón de Dios al igual que David (Hechos 13:22 parafraseado), hagamos como Él y de mañana temprano busquemos al Señor, asistamos a la cita marcada con nuestro Señor, alimentemos nuestra alma sedienta de Él, y veremos su Gloria y su Poder en nuestra vida (Salmo 63:1-2 parafraseado).

lunes, 30 de mayo de 2016

La cultura del Microondas

Al regreso de la oficina, ya entrada la noche, cuando el hambre apremia y la fatiga de un día intenso ha consumido las pocas fuerzas que restan en el cuerpo, nuestro cerebro busca como calmar el deseo de una rica cena antes de ir a la cama.
Por suerte nuestra sociedad actual ha evolucionado tanto y no solo tecnológicamente hablando, sino hasta el punto de que, en las tiendas podemos encontrar comida lista y preparada para solo darle un golpe de horno, et voila!, la cena está servida! Máximo 3 minutos y podremos saborear un buen plato de comida.
Pensándolo bien, para los tiempos ajetreados que vivimos hoy en día es una magnifica solución, nos ahorra un montón de tiempo, que en otro caso deberíamos invertir en la cocina. Imaginemos llegar a casa alrededor de las 19 hs., y en ese momento recién predisponernos a preparar desde cero la cena; decidir que preparar, buscar los ingredientes y pasar por todo el proceso que empelaban antes nuestras madres para poder servir un sabroso y recién preparado plato de comida, y si a eso le sumamos el tiempo posterior para dejar todo limpio y en orden, terminaríamos descansando cerca de la medianoche. Definitivamente la idea del microondas suena fantástica, más aún cuando al día siguiente debemos levantarnos temprano para iniciar una nueva jornada. No es que los adelantos tecnológicos sean malos, al contrario, muchos de ellos nos hacen la vida más fácil, el problema radica cuando esa comodidad por llamarla de algún modo empieza a volverse en una forma de hacer las cosas, cuando creemos que todo en la vida se consigue con solo apretar un botón con el dedo, y entonces empezamos a ir por la vida como en una autopista de alta velocidad tratando de conseguir todo ya!, porque todo es para ayer!, y no hay tiempo que perder.
Pero, qué pasa cuando nuestros planes y proyectos se demoran?. Cuándo se los encomendamos a Dios, pedimos su intervención divina, y sin embargo vemos transcurrir el tiempo sin siquiera acercarnos ni remotamente a ese fin anhelado?
En la Biblia encontramos algunos ejemplos de personas que, aunque recibieron revelación de parte de Dios, el camino para llegar a buen puerto antes que una hermosa autopista de superficie lisa fue en realidad un tormentoso empedrado con las piedras con las puntas para arriba.
En el capítulo 37 del libro del Génesis, la Biblia narra la historia de uno de estos casos: un hijo de Jacob, llamado José, a quien Dios le había mostrado que lo pondría por encima de sus hermanos y de su padre; cosa que lógicamente produzco la envidia y los celos de sus demás hermanos; al punto que lo vendieron como esclavo, yendo a terminar en Egipto.
Que mal inicio para alguien que había recibido una promesa divina de ser levantado por sobre los demás. Y por si fuera poco, por mantenerse fiel a sus principios, cuando todo parecía en cierta forma reencausarse, dos capítulos más adelante, viene la esposa de Potifar a empeorar las cosas (Génesis 39). Lo concreto es que termina en la cárcel, olvidado por aquella persona a quien había ayudado.
En síntesis, tuvieron que pasar 24 años para que pueda ver la promesa del Señor hecha realidad en su vida, y en todo ese tiempo vemos que la mano del Señor y su misericordia estaban con él.
La historia de José no es el único caso. En el primer libro de Samuel, encontramos la historia del Rey David, quien fue ungido por el profeta a la edad de 17 años para ser Rey de Israel, cosa que ocurrió aproximadamente 20 años después, y en el transcurso de ese tiempo su vida no fue precisamente color de rosas, muy por el contrario, su antecesor lo buscaba para matarlo, vivía escondido en una cueva, huyendo, pero aun así dice la Biblia que terminó sus días en buena vejez, lleno de días, de riquezas y de gloria (1 Crónicas 29:28), y por si fuera poco el propio Dios dio testimonio de él diciendo que halló en David un varón conforme a su corazón quien haría todo lo que Dios quería (Hechos 13:22 parafraseado), aun cuando su vida no fue perfecta (2 Samuel 11).
En ambos casos encontramos un factor común, y es la obediencia a Dios y a su Palabra, porque después de todo como dice la misma Biblia, el temor del Señor es la sabiduría y apartarse del mal la inteligencia (Job 28:28). Es cierto que existe siempre la posibilidad de ir por la vía rápida, pero existen caminos que al hombre parecen rectos, pero su fin son caminos de muerte (Proverbios 16:25).
El Espíritu Santo nos invita a no imitar la conducta de este mundo, a que permitamos que Dios nos transforme cambiando nuestra manera de pensar, para entonces conocer su voluntad para cada uno de nosotros, la cual es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2 NTV parafraseado), porque después de todo, nos prometió que no nos dejaría y no nos desampararía (Hebreos 13:5 parafraseado), que a su tiempo hará que todo sea cumplido (Isaías 60:22 parafraseado), y si Él dijo que lo haría, no lo hará? Dios no es hombre para mentir, ni hijo de hombre para arrepentirse! (Números 23:19).