lunes, 31 de octubre de 2016

Un Sistema Binario

Que en la actualidad la informática y la tecnología juegan un papel importante no creo que nadie lo puede negar. Cada vez más son los espacios ocupados por la tecnología en nuestro diario vivir, a tal punto que cuando por algún motivo nos vemos obligados a prescindir de ellos en nuestras actividades, nos sentimos atados de manos, a tal punto que parecería ser que no existe tarea posible de llevar a cabo si la tecnología no está disponible.
A medida que el tiempo transcurre cada vez son más los dispositivos que se van sumando al espectro de artefactos controlados por la ciencia informática. En otras palabras, informatizados, controlados por diminutos microprocesadores que le dan una serie de instrucciones a velocidades casi imperceptibles. Para explicarlo de un modo más sencillo una serie de instrucciones lógicas combinadas de si y no, representados por un sistema binario de dígitos 0 y 1,
pueden lograr el perfecto funcionamiento de un equipo básico como una calculadora de bolsillo, hasta sofisticados sistemas que colocan al hombre en el espacio, pasando por una variedad inmensa e inimaginable de artículos, dispositivos, equipamientos, y áreas.
Si nos detenemos y nos analizamos a nosotros mismos, podríamos decir que los seres humanos funcionamos de un modo bastante parecido. Ante cada situación que se nos presenta tenemos dos opciones de comandos o alternativas para decidir, las cuales obviamente a su vez van a generar otras dos opciones de si y no, y así sucesivamente. Siempre vamos a poder escoger entre estas dos opciones, las cuales van a generar consecuencias para nuestra vida, y ante las que vamos a tener que sentar una nueva postura, y asi de este modo por el resto de nuestra vida. Puede que nos tomemos un tiempo para pensar y decidir, pero siempre las opciones entre las que vamos a tener que elegir van a ser dos. Un camino o el otro. No existen medias tintas.
La Biblia dice que Dios pone delante nuestro la vida y la muerte, la bendición y la maldición, y nos invita a escoger la vida para que vivamos nosotros y nuestra descendencia (Deuteronomio 30:19 parafraseado). Lo que quiere decir que muchas de las decisiones que hoy tomemos no solo nos van a afectar a nosotros, sino también a nuestra descendencia, del mismo modo como nosotros nos vemos afectados por las decisiones de nuestros antepasados, razón por la cual debemos ser sabios para tomar las mejores decisiones.
Pero donde buscar esa sabiduría que nos asegure que cuando lleguemos al final del camino y miremos para atrás podamos decir que hemos tomado las mejores decisiones? Nuestra experiencia y el mundo que nos rodea muchas veces son la fuente de una sabiduría que nos orienta para actuar en determinado sentido, el cual a nuestro criterio es el camino correcto. También el sentido común nos puede ayudar en otras ocasiones, pero debemos tener presente que ese sentido común a menudo es el menos común de los sentidos, y por si fuera poco la sabiduría de este mundo es insensatez para Dios (1 Corintios 3:19).
Entonces donde buscar esa sabiduría, una que no pueda ser calificada de insensata? Bueno pues he aquí que la verdadera sabiduría es el temor reverente a Dios, y la verdadera inteligencia el apartarse del mal (Job 28:28 parafraseado).
Dios dice que clamemos a Él y nos responderá, nos mostrará grandes cosas ocultas y que desconocemos (Jeremías 33:3 parafraseado), por lo tanto, si en verdad deseamos adquirir la verdadera sabiduría, esa que nos ayude a tomar las mejores decisiones para nuestra vida y nuestra descendencia, debemos recurrir a la fuente de ella, la cual es la Escritura, que está inspirada por Dios, y es útil para hacer sabio al hombre para la salvación de su alma y la de su descendencia (2 Timoteo 3:15-16 parafraseado).
Dios nos manda que ante todo adquiramos sabiduría y que por sobre todas nuestras posiciones adquiramos inteligencia (proverbios 4:7). Esta es la adquisición suprema!!!
Los hombres desde nuestros inicios hemos buscado la sabiduría, la hemos buscado en todas partes. A lo largo de nuestra historia hemos evolucionado y adquirido cada vez más conocimiento, lo cual nos ha llevado a lo más profundo del mar, y hasta el espacio exterior en la búsqueda constante por adquirir conocimiento, suponiendo tal vez que cuanto más conozcamos, cuanto más sepamos, más sabios y más inteligente seremos, pero lo cierto es que aun cuanto más poseamos, cuanto más tengamos, si no tenemos a Dios en nuestro corazón, seguiremos estando vacíos, seguiremos tomando malas decisiones, las que no solo nos afectarán a nosotros sino que también a nuestras generaciones.
Entonces guardemos pues sus mandamientos y pongámoslo por obra, esta es nuestra sabiduría y nuestra inteligencia ante los ojos de los demás (Deuteronomio 4:5-6 parafraseado). Una de dos opciones, 0 o 1, sí o no.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Por nuestros propios medios?

“A trabajar porque el único que me va a dar todo en la vida soy yo mismo” y “Trabajo todos los días porque yo no heredé nada. Todo me lo gano yo solo” son dos frases que llamaron mi atención en una de las tantas pasadas diarias por las redes sociales. Meditando sobre las mismas a simple vista se podría decir que son motivadoras, puesto que nos invitan a esforzarnos para conseguir lo que anhelamos, y no a esperar que nos caiga de arriba como un hecho fortuito.
Ambas frases encierran un peligro encubierto muy grande si las miramos a la luz de Palabra de Dios que es la Biblia, puesto que según ambas el hombre por sus propios medios puede lograr todo lo que se proponga y satisfacer sus necesidades, con lo cual niega la provisión y la necesidad de Dios en su vida declarándose autosuficiente. Y es que el ser humano desde la fundación del mundo se vio tentando por el enemigo a ignorar y desobedecer a Dios, inclusive incitándolo a creer que podría llegar a ser igual a Dios (Génesis 3:4). 
Cuando uno compra esa mentira termina por creer que, con mucho trabajo, esfuerzo y dedicación, se consiguen los objetivos y se alcanzan las metas. por lo que queda expuesto a la altivez de espíritu y el orgullo, lo que conduce a la destrucción y la caída (Proverbios 16:18 NTV parafraseado).
Pero, nos hemos detenido alguna vez a preguntarnos de donde vienen nuestras habilidades y capacidades? O porque nacimos con tal o cual característica que nos permite sobresalir? Nos hemos cuestionado porque tuvimos la suerte de estar en determinado momento o circunstancias que hicieron posible que alcancemos logros, los se convirtieron en puntos de inflexión en nuestra historia?, O simplemente los disfrutamos?.
Dios dice que nos formó las entrañas aun cuando estábamos en el vientre de nuestra madre, y que fuimos hechos por sus manos (Salmos 139:13 parafraseado), que aun antes de que naciéramos ya nos conoció (Jeremías 1:5 parafraseado). Por lo tanto, todas nuestras cualidades, todas nuestras características se las debemos a Él. La Biblia nos dice que de Dios es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan (Salmos 24:1), y que, de Él, por Él y para Él son todas las cosas (Romanos 11:36), podemos no estar de acuerdo, y suponer que Dios no tiene nada que ver con nuestra genética o con las oportunidades que se nos presentan en la vida, sobre todo porque no somos iguales, y no todos tenemos las mismas oportunidades, y adicionalmente involucrar a Dios en todo en nuestra vida puede significar que Él también sea responsable por aquello que no nos agrada, o que tenga que elegir entre dos que persiguen el mismo resultado, pero solo uno puede obtenerlo, pero lo cierto y lo concreto es que en su soberanía fuimos predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad (Efesios 1:11).
Significa esto que debemos sentarnos a esperar que todo venga o se solucione de la noche a la mañana como por arte de magia en nuestras vidas, si de todos modos ya todo está predestinado? De ninguna manera, la Palabra de Dios es bien clara en este punto, el que no trabaja que no coma (2 Tesalonicenses 3:10 parafraseado). Como consecuencia de la caída del hombre en el Edén, Dios sentenció a la raza humana a ganarse el alimento con el sudor de su frente (Génesis 3:19 parafraseado), por lo tanto, para poder lograr las cosas en nuestra vida vamos a tener que esforzarnos y poner de nuestra parte la mayor de las veces.
Dios siempre hace las cosas en equipo. Así cuando los israelitas tomaron posesión de la tierra prometida, la instrucción fue precisa, esfuérzate y se valiente le dijo a Josué, y no una sino tres veces, con la promesa de que Él estaría con ellos (Josué 1:6-9), promesa que también es para nosotros. Cuando Jesús resucito a Lázaro también lo hizo trabajando en equipo, Él lo llamó, pero fue Lázaro quien tuvo que salir de la tumba (Juan 11:43).
Por supuesto que podemos tratar de hacer las cosas por nuestros propios medios, y hasta inclusive podríamos obtener los resultados que buscamos, pero deberíamos preguntarnos si será de bendición, o si traerá dolor y aflicción a nuestra vida. 
Los seres humanos fuimos dotados con la capacidad de tomar decisiones, y aunque todo nos es licito, no todo nos conviene y nos edifica (1 Corintios 10:23 parafraseado), por eso hagamos lo que hagamos, hagámoslo para la Gloria de Dios (1 Corintios 10:31 parafraseado), unidos a la vid que es Cristo porque separados de Él nada que lleve buenos frutos podremos hacer (Juan 15:5 parafraseado)

miércoles, 31 de agosto de 2016

Para todos por igual

En el capítulo 20 del Evangelio de San Mateo, Jesús narra la parábola de los trabajadores de la viña. En pocas palabras se trata de un padre de familia que sale a buscar obreros para que trabajen en su viña. A lo largo de toda la jornada fue contratando gente que cumpliera con la labor asignada, y al final del día abona a todos quienes trabajaron en su viña el mismo salario, tanto a los primeros como a los últimos. Quienes trabajaron tan solo una hora como aquellos que cumplieron una jornada más extensa, recibieron la misma paga, hecho que lógicamente originó el disgusto de estos últimos, que debido a que habían trabajado más horas, suponían que su paga sería mayor.
Muchas veces nosotros actuamos al igual que estos obreros con relación a las bendiciones que esperamos recibir del Señor, damos por descontado que la bendición que nos corresponde debería estar en directa relación al cumplimiento de tal o cual mandamiento, o de determinada obra. 
Es como si quisiéramos condicionarle a Dios, que por el hecho de ser obedientes a sus leyes y mandamientos Él está obligado a otorgarnos aquello que nuestro corazón anhela o desea. En otras palabras, y por si fuera poco muchas veces al escuchar los testimonios de otros sobre como el Señor obró de tal o cual manera sacándolo de una difícil situación, nos volvemos propensos a pensar que por el simple hecho de acercarnos más a Dios encontraremos el camino para salir de lo que nos agobia u obtener aquello que anhelamos, convirtiéndolo en una especie de fórmula mágica para obtener nuestros deseos. Hago esto a cambio de que me concedas aquello, o por mi obediencia estoy exento de pasar por determinada situación y todos mis problemas deberían esfumarse. 
No estoy diciendo que Él no pueda hacerlo, porque después de todo, si nosotros siendo malos, sabemos dar buenas dádivas a nuestros hijos, cuánto más nuestro Padre que está en los cielos no nos dará buenas cosas a quienes se lo pidamos? (Mateo 7:11 parafraseado). 
En otras ocasiones, cuando a pesar de toda nuestra supuesta obediencia, no estamos recibiendo sus promesas, podemos caer en el error de suponer que nuestras faltas y nuestros pecados son tan graves que nos impiden alcanzarlas. Es como si nuestras fallas fuesen imperdonables, con lo cual volvemos a Dios un mentiroso, porque su Palabra dice que si nos arrepentimos y confesamos nuestros pecados Él es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda nuestra maldad (1 Juan 1:9 parafraseado); y por si esto fuera poco su misericordia es buena y se renueva cada mañana (Lamentaciones 3:23 parafraseado). No quiere decir que nuestros actos y nuestras malas decisiones no tengan consecuencias que puedan afectar nuestro presente, y con las cuales tendremos que convivir mientras duren. Es como el clavo retirado de la madera que deja su imborrable huella.
Es por eso que debemos cuestionarnos muy seriamente cuales son las intenciones con las cuales nos presentamos ante Dios. Vamos tras las bendiciones de Dios o vamos tras el Dios de las bendiciones?, Qué es en realidad lo que nos motiva? 
No nos olvidemos que aquel que escudriña nuestros corazones conoce también las intenciones del mismo (Romanos 8:27 parafraseado), o en otras palabras nada podemos ocultarle, porque aun antes de que haya palabra en nuestras bocas, el Señor ya lo sabe todo (Salmos 139:4 parafraseado).
Jesús fue bien claro cuando nos dijo que debíamos poner los ojos en las cosas del cielo, y entonces todo lo demás vendría por añadidura, nos enseñó que debemos poner los ojos en las cosas del cielo y todo lo demás será añadido (Mateo 6:33) porque todo aquello que se ve es temporal, pero lo invisible es eterno (2 Corintios 4:18 parafraseado). 
Entonces, cuál es el secreto para poder atravesar los desiertos de nuestra vida lo más rápido posible? Qué se interpone entre nosotros y las bendiciones que Dios nos tiene preparadas? Pues rendirnos totalmente a Dios, y a su voluntad. Dejar de argumentar con Él y entregarnos por completo al propósito que nos preparó a cada uno. El ejemplo más palpable lo tenemos en Jesús quien en el Huerto de los Olivos sujetó su voluntad a la del Padre (Marcos 14:36 parafraseado). Aun cuando era totalmente consciente de todo lo que le vendría por delante, se enfocó en el propósito para el cual había venido, y no en su propia voluntad. Y sabemos que para quienes aman al Señor todas las cosas les resultan para bien (Romanos 8:28 parafraseado), y esto incluye a las dificultades, las penurias y los problemas.
Finalmente, para poder heredar las promesas del Señor para nuestra vida, debemos desarrollar principalmente dos frutos del Espíritu Santo que son la fe y la paciencia (Gálatas 5:22 parafraseado) porque son ellas, la fe y la paciencia las que heredan dichas promesas (Hebreos 6:12 parafraseado). Y aun cuando al igual que algunos héroes de la fe no alcancemos estas promesas, sino que las contemplemos desde lejos (Hebreos 11:13), tenemos la certeza que al igual que aquel a quien consuela su madre, así nos consolará nuestro Padre Celestial (Isaías 66:13 parafraseado).

domingo, 31 de julio de 2016

Una cita marcada

Conduciendo de regreso a la oficina luego de que la cita programada con el proveedor del servicio fuera cancelada, la molestia que sentía por quien faltó al encuentro previamente agendado y programado no dejaba de dar vueltas en mi cabeza. No podía entender como una empresa tan grande, pueda tratar de ese modo a sus clientes, y no una, sino dos veces!!!! Era una total falta de respeto!!!
En un mundo tan competitivo, donde la oferta es amplia y los consumidores somos cada vez más exigentes, es inconcebible ser tratado con tanto desprecio. Parecería que el tiempo de uno, no tuviese valor. Para completar, el servicio de atención al usuario me tenía en espera pues llamadas anteriores a la mía estaban siendo atendidas. 
Es de suponer que con la mala experiencia que particularmente estaba teniendo, seguramente eramos muchos los que queríamos quejarnos del mal trato recibido por parte de tan prestigiosa empresa.
Estos pensamientos me acompañaron durante varios kilómetros, con el correspondiente efecto multiplicador en mi sentimiento de frustración, ira e impotencia. El que a su vez producía una mayor irritación. Para ser bien claros, en ese momento mi carne tenía un total dominio sobre mi persona.
Cuando finalmente la calma fue volviendo a mí, y el dominio propio apareció nuevamente, el Señor empezó a hablarme al corazón. A mi mente saltaron los cuestionamientos de cuántas veces en la vida nosotros actuamos de ese mismo modo con nuestros prójimos? Cuántas veces faltamos a citas previamente acordadas? Pero por supuesto que en nuestro caso existirán mil y un motivos para explicar por qué no podemos asistir, y los mismos tendrían el peso de mil razones. Todas ellas muy valederas y bien fundamentadas, tanto que el no reconocerlas sería una total falta de consideración.
Finalmente, en las últimas cuadras antes de llegar a destino, una pregunta aguda y punzante sonó dentro mío. Una pregunta cuya respuesta confrontó mi corazón terriblemente, porque cuántas veces, los que nos hacemos llamar hijos de Dios, al iniciar nuestras actividades diarias dejamos de lado a nuestro Padre Celestial? Cuántas mañanas al levantarnos vamos directo a iniciar la jornada y dejamos esperando a quien nos regala la oportunidad de vivir un nuevo día? Cuántas veces no asistimos al encuentro matutino con nuestro Padre, quien, en su amor infinito, nos regala cada mañana un nuevo día para que nos gocemos y alegremos en Él? (Salmos 118:24 parafraseado).
Dios nos ha escogido aún antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4), y nos dice que Él será un Padre para nosotros y nosotros seremos sus hijos (2 Corintios 6:18 parafraseado) y como tales su Palabra nos llama a ser imitadores de Cristo (1 de Corintios 11:1 parafraseado), quien padeció por nosotros, dejándonos ejemplo para que sigamos sus pisadas (1 Pedro 2:21).
Escudriñando los Evangelios, encontramos que Jesús se apartaba para orar a lugares desiertos (Lucas 5:16). En otra ocasión siendo de mañana, aún en la oscuridad de la noche, se retiró al desierto a orar (Marcos 1:35-37 parafraseado). Inclusive en el momento de su más dura prueba, cuando debía ser entregado para cumplir con el propósito para el cual había venido a este mundo, se retiró a orar al Padre buscando su fortaleza para todo lo que debía enfrentar en ese momento (Lucas 22:41). 
Jesús nos enseñó que al orar no lo hagamos con vanas repeticiones y que lo hagamos en la intimidad de nuestra privacidad (Mateo 6:5-7 parafraseado), además a través del sacrificio de Cristo ahora tenemos entrada libre (Hebreos 10:19-20) y podemos disfrutar de su presencia y asimismo acercarnos confiadamente para buscar su ayuda y su socorro (Hebreos 4:16).
Además, por otro lado, a lo largo de toda la Biblia podemos darnos cuenta que la misma se trata de que Dios siempre ha buscado al hombre y no por el contrario como nuestro enemigo el diablo nos quiere hacer creer, que somos los hombres quienes creemos tener la necesidad de buscar a Dios. Pero ya sabemos que él es el padre de la mentira (Juan 8:44 Parafraseado).
Por lo tanto, si en verdad deseamos ser encontrados con un corazón conforme al corazón de Dios al igual que David (Hechos 13:22 parafraseado), hagamos como Él y de mañana temprano busquemos al Señor, asistamos a la cita marcada con nuestro Señor, alimentemos nuestra alma sedienta de Él, y veremos su Gloria y su Poder en nuestra vida (Salmo 63:1-2 parafraseado).

lunes, 30 de mayo de 2016

La cultura del Microondas

Al regreso de la oficina, ya entrada la noche, cuando el hambre apremia y la fatiga de un día intenso ha consumido las pocas fuerzas que restan en el cuerpo, nuestro cerebro busca como calmar el deseo de una rica cena antes de ir a la cama.
Por suerte nuestra sociedad actual ha evolucionado tanto y no solo tecnológicamente hablando, sino hasta el punto de que, en las tiendas podemos encontrar comida lista y preparada para solo darle un golpe de horno, et voila!, la cena está servida! Máximo 3 minutos y podremos saborear un buen plato de comida.
Pensándolo bien, para los tiempos ajetreados que vivimos hoy en día es una magnifica solución, nos ahorra un montón de tiempo, que en otro caso deberíamos invertir en la cocina. Imaginemos llegar a casa alrededor de las 19 hs., y en ese momento recién predisponernos a preparar desde cero la cena; decidir que preparar, buscar los ingredientes y pasar por todo el proceso que empelaban antes nuestras madres para poder servir un sabroso y recién preparado plato de comida, y si a eso le sumamos el tiempo posterior para dejar todo limpio y en orden, terminaríamos descansando cerca de la medianoche. Definitivamente la idea del microondas suena fantástica, más aún cuando al día siguiente debemos levantarnos temprano para iniciar una nueva jornada. No es que los adelantos tecnológicos sean malos, al contrario, muchos de ellos nos hacen la vida más fácil, el problema radica cuando esa comodidad por llamarla de algún modo empieza a volverse en una forma de hacer las cosas, cuando creemos que todo en la vida se consigue con solo apretar un botón con el dedo, y entonces empezamos a ir por la vida como en una autopista de alta velocidad tratando de conseguir todo ya!, porque todo es para ayer!, y no hay tiempo que perder.
Pero, qué pasa cuando nuestros planes y proyectos se demoran?. Cuándo se los encomendamos a Dios, pedimos su intervención divina, y sin embargo vemos transcurrir el tiempo sin siquiera acercarnos ni remotamente a ese fin anhelado?
En la Biblia encontramos algunos ejemplos de personas que, aunque recibieron revelación de parte de Dios, el camino para llegar a buen puerto antes que una hermosa autopista de superficie lisa fue en realidad un tormentoso empedrado con las piedras con las puntas para arriba.
En el capítulo 37 del libro del Génesis, la Biblia narra la historia de uno de estos casos: un hijo de Jacob, llamado José, a quien Dios le había mostrado que lo pondría por encima de sus hermanos y de su padre; cosa que lógicamente produzco la envidia y los celos de sus demás hermanos; al punto que lo vendieron como esclavo, yendo a terminar en Egipto.
Que mal inicio para alguien que había recibido una promesa divina de ser levantado por sobre los demás. Y por si fuera poco, por mantenerse fiel a sus principios, cuando todo parecía en cierta forma reencausarse, dos capítulos más adelante, viene la esposa de Potifar a empeorar las cosas (Génesis 39). Lo concreto es que termina en la cárcel, olvidado por aquella persona a quien había ayudado.
En síntesis, tuvieron que pasar 24 años para que pueda ver la promesa del Señor hecha realidad en su vida, y en todo ese tiempo vemos que la mano del Señor y su misericordia estaban con él.
La historia de José no es el único caso. En el primer libro de Samuel, encontramos la historia del Rey David, quien fue ungido por el profeta a la edad de 17 años para ser Rey de Israel, cosa que ocurrió aproximadamente 20 años después, y en el transcurso de ese tiempo su vida no fue precisamente color de rosas, muy por el contrario, su antecesor lo buscaba para matarlo, vivía escondido en una cueva, huyendo, pero aun así dice la Biblia que terminó sus días en buena vejez, lleno de días, de riquezas y de gloria (1 Crónicas 29:28), y por si fuera poco el propio Dios dio testimonio de él diciendo que halló en David un varón conforme a su corazón quien haría todo lo que Dios quería (Hechos 13:22 parafraseado), aun cuando su vida no fue perfecta (2 Samuel 11).
En ambos casos encontramos un factor común, y es la obediencia a Dios y a su Palabra, porque después de todo como dice la misma Biblia, el temor del Señor es la sabiduría y apartarse del mal la inteligencia (Job 28:28). Es cierto que existe siempre la posibilidad de ir por la vía rápida, pero existen caminos que al hombre parecen rectos, pero su fin son caminos de muerte (Proverbios 16:25).
El Espíritu Santo nos invita a no imitar la conducta de este mundo, a que permitamos que Dios nos transforme cambiando nuestra manera de pensar, para entonces conocer su voluntad para cada uno de nosotros, la cual es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2 NTV parafraseado), porque después de todo, nos prometió que no nos dejaría y no nos desampararía (Hebreos 13:5 parafraseado), que a su tiempo hará que todo sea cumplido (Isaías 60:22 parafraseado), y si Él dijo que lo haría, no lo hará? Dios no es hombre para mentir, ni hijo de hombre para arrepentirse! (Números 23:19).

jueves, 31 de marzo de 2016

Armados hasta los dientes

Cada mañana cuando sale el sol, un nuevo día comienza, y con la aurora que llega nos aprestamos para enfrentar una nueva jornada, llena de proyectos, de planes y actividades que nos proponemos emprender, rutinas que cumplir, cuestiones que enfrentar, confiados en nuestras capacidades y fortalezas, dando por descontado que al final del día podremos hacer un balance de todo aquello y programarnos para el día siguiente, así sucesivamente todos los días de nuestra vida.
Muchas veces, ocurre que en medio de ese trajinar diario se presentan situaciones que nos sacan de nuestra zona segura o de confort, cosas que quizás escapen a nuestro control o no, pero, que impliquen algún tipo de trastorno en nuestra vida y que tal vez puedan ocasionarnos algo de estrés, ansiedad y porque no también preocupación, porque una cosa es segura y es que en este mundo tendremos aflicciones. Ya nos los advirtió el propio Jesús (Juan 16:33 parafraseado). 
En el capítulo 6 de su carta a los Efesios, el apóstol Pablo nos dice que no luchamos contra enemigos de carne y hueso, sino contra gobernadores malignos y autoridades del mundo invisible, contra fuerzas poderosas de este mundo tenebroso y contra espíritus malignos de los lugares celestiales. (Efesios 6:12 NTV)
Entonces, la pregunta es, como reaccionar en esos casos? Como prepararnos para esas situaciones? Estamos librados a lo que podamos hacer con nuestras propias y limitadas fuerzas? La verdad es que no tenemos por qué enfrentar solos dichas situaciones. Es más no deberíamos esperar llegar a una situación extrema para activar nuestras armas de defensas.
Józef Poniatowski un militar polaco, mariscal imperial del ejercito de Napoleón Bonaparte, decía que la mejor defensa es el ataque, y si lo analizamos detenidamente parecería una apostura bastante acertada, porque después de todo el que pega primero pega dos veces.
Entonces, si el mundo está bajo el maligno, (1 Juan 5:19 parafraseado), y si su único objetivo es matar, robar y destruir (Juan 10:10 parafraseado), con qué armas podríamos enfrentarnos a este enemigo? 
Pues bien, las armas de nuestras milicias no son carnales, sino que son poderosísimas en Dios para destruir cualquier fortaleza (2 Corintios 10:4 parafraseado), por lo tanto, que mejor que vestir la armadura de Dios para así después de la batalla todavía estar firmes (Efesios 6:13 NTV parafraseado). Defendamos nuestra posición, poniéndonos el cinturón de la verdad y la coraza de la justicia de Dios, calzados los pies con la paz que proviene de la Buena Noticia del Evangelio de Jesucristo, a fin de estar completamente preparados. Además de todo eso, levantemos el escudo de la fe para detener las flechas encendidas del diablo. Pongámonos la salvación como casco y tomemos la espada del Espíritu, la cual es la palabra de Dios, pero por sobre todo oremos en el Espíritu en todo momento y en toda ocasión. Manteniéndonos alerta y persistentes en nuestras oraciones (Efesios 6: 14-18 NTV parafraseado).
Debemos ser sobrios y velar en todo momento porque nuestro adversario anda como león rugiente buscando a quien devorar (1 Pedro 5:8 NTV parafraseado), por lo tanto, debemos orar sin cesar (1 tesalonicenses 5:17), sin afanarnos por nada, sino que sean conocidas nuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego con acción de gracias (Filipenses 4:6 parafraseado). En otras palabras, estás triste? Ora!, Estás angustiado? Ora!, Estás feliz? Con más razón ora y agradece al Señor (Santiago 5:13 parafraseado), pero por favor no lo hagas con vanas repeticiones (Mateo 6:7 parafraseado) sino derramando tu corazón delante de Dios, porque, que padre no ansia tener una relación así con su hijo?
Jesús nos enseñó que si pedimos recibiremos, y que si buscamos hallaremos, y que cuando llamemos se nos abrirá (Lucas 11:9 parafraseado), y que si pedimos en su nombre recibiremos, para que nuestro gozo sea cumplido (Juan 16:24), porque después de todo, acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a Él día y noche? (Lucas 18:7 parafraseado). Porque, si nosotros siendo malos, sabemos dar buenas dádivas a nuestros hijos, cuanto más nuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que se lo piden? (Mateo 7:11 parafraseado).
Busquemos a Dios de madrugada, al arrancar nuestra jornada, en la intimidad de la oración, Él anhela tener ese encuentro con nosotros, encomendémosle nuestro día y su diestra nos sostendrá, será nuestro socorro y a la sombra de sus alas nos regocijaremos (Salmo 68 parafraseado), y aun cuando andemos en valle de sombra y de muerte no temeremos mal alguno porque su vara y su callado nos infundirán aliento (Salmo 23:4 parafraseado).
Será nuestro escudo protector y estaremos armados hasta los dientes para enfrentar los desafíos de cada día, porque después de todo, para aquellos que aman al Señor todo resulta para bien, aun las dificultades (Romano 8:28 parafraseado).

lunes, 29 de febrero de 2016

Estado Civil: Casado

Días atrás conversando con un grupo de amigos, surgió la pregunta sobre cuál pensábamos era el motivo por el cual habíamos contraído matrimonio, porqué cada uno de nosotros habíamos tomado la decisión de compartir nuestras vidas con nuestras respectivas parejas dando por sentado que entre nosotros está presente el amor hacia nuestro cónyuge, sobretodo atendiendo al hecho de que el mismo es una decisión antes que un sentimiento.
Entonces, cual era el motivo que nos había llevado a tomar esa decisión? Las respuestas que empezaron a surgir fueron de las más variadas, así unos decían que, para poder sentirse realizado, o para cumplir su propósito en la vida, otros porque visualizaban su futuro en la vejez al lado de esa persona con la que mantenían una relación de noviazgo en ese momento, y por supuesto la consabida y hasta si se quiere trillada respuesta de para ser feliz o para alcanzar la felicidad, y formar una familia.
La verdad que todas estas respuestas suenan muy bien, son bastante altruistas, pero encierran una trampa dentro de ellas, y es que estamos poniendo en manos de otras personas metas y objetivos que deseamos alcanzar a través de una decisión tomada por nosotros. Somos nosotros los que queremos sentirnos realizados, somos nosotros los que queremos pasar el resto de nuestra vida con esa persona tan especial que obviamente nos hace sentir bien, somos nosotros los que queremos ser felices hasta el fin de nuestros días en esta tierra. Nos damos cuenta que todo gira nuevamente entorno a nosotros?
La realidad es que cuando decidimos dar ese paso que implica unir nuestras vidas a la de alguien más por el resto de nuestros días, estamos tomando un compromiso que encierra una gran responsabilidad, porque, en primer lugar, es un pacto, y como tal no puede ser disuelto, no por lo menos delante de Dios, aunque los rudimentos de este mundo nos quieran hacer creer lo contrario, porque ya sabemos que el mundo entero está bajo el maligno (1 Juan 5:19). 
Entonces, si es un pacto para toda la vida, porque hoy en día la tasa de matrimonios que terminan en divorcio, con todo el dolor que llegar a esa situación conlleva, va en aumento, tanto para matrimonios jóvenes, como para los que ya llevan bastante tiempo juntos?
Será en realidad, que nuestra respuesta a la pregunta del principio está equivocada? Que en vez de girar en torno a lo que nosotros anhelamos para nuestro futuro debería enfocarse en lo que podemos hacer nosotros por nuestra pareja?
Como hijos amados de Dios, fuimos llamados a ser imitadores de Él (Efesios 5:1 parafraseado), lo cual significa que nuestro matrimonio debería reflejar la relación de Cristo con su Iglesia, Él cual la amo al punto de entregarse a sí mismo por ella (Efesios 5:25 parafraseado).
Ese amor ágape o incondicional, lo encontramos definido en el capítulo 13 de la primera Carta a los Corintios, ahí en el versículo 5 encontramos que el amor no busca lo suyo, y si no busca lo suyo, entonces en quien se enfoca? Correcto!! En un grupo de dos, si uno no es el centro, solo queda la opción del otro.
Es cierto que muchas veces las circunstancias que nos rodean y que pueden llegar a envolver nuestra relación, pueden terminar ocasionando tales daños que, si la misma no está fundada sobre la roca que es Cristo, va a terminar por derrumbarse (Mateo 7:25), y es que los problemas y las aflicciones no van a dejar de formar parte de nuestras vidas, nos lo advirtió el propio Jesús (Juan 16:33).
Entonces como hacer para fundar nuestra relación sobre la roca?, Como logramos que las dificultades diarias no terminen por desmoronar la estructura de nuestro matrimonio? La Biblia dice en Eclesiastés 4:12 que cordón de tres hilos no se rompe fácilmente, por lo tanto, si a la ecuación de marido y mujer la agregamos la presencia de Cristo, los rudimentos de este mundo no podrán prevalecer contra ella, porque después de todo Él ya venció al mundo (Juan 16:33).
Es cierto que el día a día puede resultar bastante agotador o irritante, que en pos de luchar por la continuidad de nuestra relación debamos ceder no una, sino que varias veces a lo que nosotros consideramos nuestro derecho, pero al igual que el apóstol Pablo si con Cristo juntamente estamos crucificados, todo resulta más fácil, puesto que, al estar crucificado, estamos muertos y saben qué? Los muertos no se irritan, los muertos no reclaman, los muertos no ceden.
No es fácil!!! Puede resultar una tarea muy difícil, pero a Jesús pasar por el calvario de la cruz tampoco le resulto una tarea sencilla. Nuestra carne tal vez sea muy débil para poder resistir, la lucha diaria. Nuestra debilidad puede hacer que queramos tirar la toalla en algún momento, pero su Gracia nos es suficiente porque su poder se perfecciona en nuestra debilidad (2 Corintios 12:9 parafraseado)

domingo, 31 de enero de 2016

Una acertada decisión

Muchas veces en nuestra vida nos encontramos en posición de tomar decisiones que van a afectar indefectiblemente para bien o para mal a nuestro futuro.  Estas decisiones pueden ser de carácter laboral, cuando por ejemplo debemos tomar la decisión de cambiar de trabajo, o profesional, como cuando debemos decidir qué carrera profesional seguir, etc. Dependiendo de nuestro carácter y de la seguridad que tengamos en nosotros mismos en algunos casos es muy probable que busquemos ayuda o consejo para tomar la decisión acertada, aun cuando nos fundemos en nuestro propio juicio siempre buscaremos que la opción que tomemos sea la mejor alternativa de todas, y es que nadie en su sano juicio optaría por un camino que a sabiendas vaya a perjudicar su futuro y el de su entorno más cercano.
Pero nadie, ni aun nuestra propia experiencia y conocimientos puede asegurarnos el éxito de la decisión adoptada, ya que por lo general existen muchas variables que no podemos controlar por más experiencia y títulos que podamos ostentar. Siempre van a existir cuestiones que escapen de nuestro control.
Qué hacer entonces? Donde buscar esa orientación que minimice los riesgos? En que parte encontrar las respuestas a las preguntas que nos ayuden evitar las consecuencias de una mala decisión?
La respuesta es muy simple, la Biblia dice que de tal manera amó Dios al hombre que nos ha dado a su único Hijo para que todos los que en Él crean tengan vida eterna y no se pierdan (Juan 3:16 parafraseado).
Quiere decir que, si de esa forma nos amó, con ese mismo amor está dispuesto a orientarnos y ayudarnos en todo lo que hagamos y emprendamos, siempre y cuando lo pongamos a Él en el lugar que le corresponde. Pablo lo dice de esta manera, “para quienes aman al Señor, todo les resulta para bien, para los que conforme a su propósito son llamados (Romanos 8:28 parafraseado). En otras palabras, para quienes anteponen a Dios en todas sus decisiones, y aceptan su orientación, todo va a resultar para bien, aun cuando a primera vista los resultados no sean los esperados.
Pero qué significa poner a Dios en primer lugar? Básicamente podríamos decir que significa hacer su voluntad, tener en cuenta que es lo que Él desea para nosotros, aun cuando su repuesta pueda diferir de manera diametralmente opuesta a lo que nosotros anhelamos, como dijo Jesús en el huerto de los Olivos la noche en que iba a ser entregado, “que no se haga mi voluntad sino la tuya” (Lucas 24:42).
En otras palabras, ya no importa que es lo que deseo, o que, y cuáles son nuestros anhelos, sino por el contrario nos enfocamos en cuál es la voluntad del Padre, sometemos nuestra conducta y nuestro accionar a su guía, a su orientación.
Y cómo lo logramos? Cómo podremos saber cuál es su voluntad para nuestra vida? Bueno pues para ello debemos conocerlo en toda su dimensión, cosa que lo logramos cuando tenemos una íntima comunión con Él, cuando lo buscamos todos los días de nuestra vida, y en todo momento de la misma, cuando reconocemos nuestras limitaciones, cuando aceptamos que apartados de Él nada bueno podremos lograr.
El problema está cuando a causa de nuestro orgullo y nuestra soberbia no queremos aceptar esta realidad. Cúantas veces atribuimos el logro de nuestros planes y objetivos a nuestra capacidad, a nuestro esfuerzo? No queriendo admitir que fue Dios quien nos proveyó de tales cualidades? Cuantas veces atribuimos a nuestro esfuerzo y dedicación el logro de nuestras metas desconociendo que, en el vientre de nuestra madre, por Él hemos sido formados, que ahí Él ya nos conoció (Jeremías 1:5 parafraseado).
Podemos no aceptar que esto sea así, podemos querer no reconocer la verdad, relativizar su Palabra, cegados nuestro entendimiento por medio de falsas doctrinas, pero no por ello deja de ser cierto. El propio Jesús lo dijo cuándo oro al Padre por sus discípulos, “tu Palabra es verdad” (Juan 17:17).
Es como querer desconocer las leyes de la gravedad y arrojarnos al vacío pensando que nada malo nos pueda suceder. Del mismo modo cuando no aferrarnos a nuestro orgullo, cuando desconocemos la autoridad de Dios en nuestras vidas, estamos adoptando una actitud de rebeldía que nos lleva directamente a la muerte, ya que, para Dios, la rebelión es tan pecaminosa como la hechicería (1 Samuel 15:23 NTV), y los que practican la hechicería no entraran al Reino de Dios cuando Jesús vuelva por su Iglesia (Apocalipsis 22:15 parafraseado).
Por eso seamos sabios y no andemos en consejo de malos, sino que en la ley de Jehová este nuestro deleite, meditemos en su Palabra de día y de noche, entonces seremos como árboles plantados junto a corrientes de agua, que da sus frutos a su tiempo y todo lo que hagamos prosperara (salmos 1:1-3 parafraseado).

miércoles, 30 de diciembre de 2015

En el centro de nuestro universo

Hace poco volviendo a casa, ya muy entrada la noche, aprendí dos lecciones. La primera, que cuando el indicador de combustible te avisa que el mismo se está acabando, es enserio y si no se recarga, el automóvil va a detenerse en cualquier instante. Y como lo predijo Murphy, seguro va a ser en el momento menos indicado. Esa fue una lección práctica, sin combustible el motor se detiene. La segunda en cambio fue un poco más reveladora.
Para entrar en contexto, los que alguna vez hemos tenido un vehículo movido a diésel, sabemos que cuando ocurre algo similar a lo mencionado más arriba, no solo es cuestión de volver a cargar el combustible, sino que para que el mismo pueda volver a funcionar normalmente, además hay que purgar el aire que queda en el motor.
Para tener una idea más clara de la situación, era cerca de las 2 de la mañana, la ligera llovizna que caía empezaba a convertirse en algo más, y para completar mi vehículo se encontraba en una calle cuesta arriba, por lo que, con la ayuda de mi hijo, procuramos maniobrarlo para ponerlo en dirección de la pendiente, y así poder arrancarlo con el empujón. Como éramos dos tratando de mover un vehículo; que no es pequeño; la tarea resultó un tanto difícil y quedamos con el auto atravesando la calle. En ese preciso momento, otro vehículo dobla raudamente la esquina y encara hacia nosotros. Mi primera reacción instintiva fue exclamar “no ve que estamos tratando de moverlo???”, pero para mi asombro, de ese vehículo descendieron dos personas que juntos con nosotros se pusieron a empujar nuestro automóvil, sin importar la lluvia que para ese entonces había dejado de ser una simple llovizna. Es así que luego de unos intentos terminamos arrancando el vehículo, totalmente mojados por la lluvia y con los zapatos en el agua que para ese momento ya corría por el asfalto.
Cuando todo había acabado, pude por fin reflexionar sobre lo ocurrido, y sobre cuál fue mi primera reacción, la que por cierto es más común de lo que uno quisiera que sea. Por más trillado que pueda resultar, no es menos cierto que cada uno de nosotros juzgamos a los demás por sus 

actos, o por lo que nosotros consideramos que ellos están pensando, y a nosotros mismos por nuestras intenciones. Y es que la mayoría de las veces los seres humanos nos consideramos el centro del universo. Todo debe girar en torno a nosotros y en cómo nos afecta, o cómo podemos influir en lo que nos rodea. En otras palabras, el mundo comienza y termina en nosotros. Existe una palabra que define muy bien esta forma de ser y es Egoísmo o Egocentrismo.
Ante esta realidad, deberíamos preguntarnos, si está es la manera de conducirnos los que tomamos la decisión de ser seguidores de Cristo? Fue este el ejemplo que nos dejó Jesús? Es este el propósito para el cual Dios nos puso en esta tierra? Para que cada uno de nosotros se centre en sí mismo?
Que hubiera sido de nosotros si Dios hubiese tomado esa misma actitud? Si luego de que el hombre le dio la espalda en el huerto del Edén, Él se hubiese centrado en lo que nosotros le hicimos en vez de buscar la manera de solucionar esa relación que estaba quebrada desde ese preciso instante? Porque, sí somos coherentes con nuestra manera humana de razonar, debemos reconocer que Dios está en todo su derecho de negarnos su presencia. Después de todo lo bueno que creó y nos lo entregó para que sojuzguemos y señoreemos (Génesis 1:24-28 parafraseado), los hombres no encontramos mejor manera de agradecérselo que obedeciendo a satanás.
Aun así, su Palabra dice que de tal manera nos amó, que entregó a su Único Hijo para que todo aquel que en Él crea, tenga vida eterna (Juan 3:16), en otras palabras, se puso en nuestro lugar, y desde ese punto de vista, por amor proveyó la manera en que podía ayudarnos a restablecer la relación.
Esta manera de actuar y de pensar tiene un combustible indispensable (continuando con el ejemplo del inicio) y es el amor por el otro, un amor incondicional como el descrito en 1 Corintios 13. Y es que cuando damos cumplimiento al nuevo mandamiento que nos dejó Jesús de amar a nuestro prójimo (Juan 13:34), nos resulta más fácil ponernos en la situación del otro y ver de qué manera podemos ayudarlo. Jesús además dijo, que debíamos amar a nuestros enemigos (Lucas 6:27-36 parafraseado), no deberíamos entonces también hacerlo con aquel que nos necesita?
Si Jesús, aun siendo Dios no vino para ser servido, sino para servir (Mateo 20:28 parafraseado), y no escatimó en lavar los pies inclusive de quien horas más tarde lo iba a entregar a sus verdugos (Juan 13:1-30), no deberíamos nosotros también tener esa misma actitud de servicio? No deberíamos tener un corazón predispuesto y lleno de misericordia hacia los demás? La próxima vez que veas a alguien que necesita de tu ayuda, sin considerar las circunstancias que puedan existir, no le niegues una mano, porque después de todo, cuando ayudamos al necesitado, estamos ayudando a Jesús (Mateo 25:31-46 parafraseado)

viernes, 27 de noviembre de 2015

Corazón Valiente

Corazón valiente, o en ingles Braveheart, es una película estadounidense histórica-dramática de 1995, dirigida, producida y protagonizada por Mel Gibson, basada en la vida de William Wallace, un héroe nacional escocés que participó en la Primera Guerra de Independencia de Escocia. Narra el enfrentamiento de los escoceses contra el poderoso y numeroso ejército inglés, por lograr la independencia, la que finalmente parece perdida puesto que el protagonista principal muere sin lograr su propósito.
Ubicándonos en el contexto, parecería ser una hazaña titánica, dado que un pequeño, mal unificado y con escasos recursos pueblo escoses se enfrenta a un numeroso y mejor equipado ejército inglés, que, debido al arrojo, valentía y convicción del personaje central de la película, aun después de su muerte, logra su objetivo, la independencia de Escocia.
Cuantas veces en la vida, cada uno de nosotros nos encontramos en situaciones similares? Cuantas veces las circunstancias que nos rodean, parecen invulnerables? Cuantas veces sentimos que las fuerzas y los recursos necesarios para logar pasar la dura y difícil prueba que tenemos en frente, parecen no ser suficientes?, O lo que es peor, creemos haberlo perdido todo?.
Es en estas situaciones, que muchas veces cuando nuestras fuerzas están prácticamente extintas, la reacción más natural sería querer tirar la toalla y abandonarlo todo. Entregarnos y dejar de luchar por nuestros anhelos, por nuestros sueños, y porque no también, por aquellas promesas que hemos recibido del Señor.
Es en esos momentos; cuando nos asaltan las dudas; cuando en nuestra mente los pensamientos nos dicen que no podremos alcanzar nuestro propósito; que debemos recordar y tener muy presentes las palabras de Jesús a sus discípulos cuando les aseguraba que en el mundo tendrían aflicción, pero que podían confiar en Él, puesto que ya había vencido al mundo (Juan 16:33, parafraseado), en otras palabras, les decía que debían ser valientes y confiar en Él.
La misma instrucción la recibió Josué, cuando debió guiar a los Israelitas a conquistar la tierra prometida luego de vagar por cuarenta años en el desierto. Esfuérzate y sé valiente fue la palabra que recibió del Señor (Josué 1:6-9), y no se lo dijo una, sino que tres veces, y es más en la tercera ocasión Dios le agregó que no tema ni desmaye, porque el Señor su Dios estaría con él, donde quiera que fuese. Que gran promesa!!!! Puesto que para Dios no hay nada imposible (Lucas 1:37 parafraseado). 
Ahora bien, debemos saber, que, para activar dicha promesa en nuestra vida, existe una condición sine qua non y es la entera obediencia a su Palabra, no en partes, sino que al ciento por ciento.
En el mismo pasaje Dios le dice que guarde todo lo que está escrito en el libro de la ley, y que lo ponga en práctica. En otras palabras, no podemos pretender que todo nos resulte para bien, cuando no ponemos a Dios en nuestro accionar, ya que debemos saber, que, aunque hay caminos que al hombre pueden parecerle buenos, son caminos que conducen a la muerte (Proverbios 14:12 parafraseado).
Dios nos llama a tener fe en Él, y que le creamos a Él cuando nos dice que solo tiene pensamientos de bien y no de mal para sus hijos (Jeremías 29:11), porque después de todo, para aquellos que aman al Señor, todo les resulta para bien (Romanos 8:28 parafraseado), inclusive aquello que a los ojos del mundo pueda parecer una catástrofe.
Al igual que a Jairo, Jesús nos llama a no tener miedo, nos dice que solo tengamos fe (Marcos 5:36 NTV), recordemos que, al principal de la sinagoga, le habían avisado que su hija ya había muerto, y que no moleste más al Maestro, o en otras palabras que podía dar por perdido aquello por lo que había acudido a Jesús, nada menos que la vida de su hija.
Jesús dijo que, si puedes creer, para el que cree todo le es posible (Marcos 9:23), pero ocurre que cuando para nuestros sentidos naturales, hay cosas que resultan ilógicas o improbables, se requiere de mucha valentía para obrar conforme a la obediencia a Dios, a su Palabra, y a su voluntad, la que es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2), porque a pesar de que nosotros solo vemos un cuadro de la película, Dios ya tiene la imagen completa.
Al igual que Cristo deberíamos tener la valentía de decir que no se haga nuestra voluntad, sino la suya (Lucas 22:42 parafraseado), aun cuando eso implique pasar por la cruz del calvario, porque, después de todo, si el Señor es nuestro pastor, aunque andemos por el valle más oscuro, no deberemos temer, ya que Él estará a nuestro lado. Su vara y su cayado nos protegerá y nos confortará (salmos 23:4 NTV parafraseado).

viernes, 30 de octubre de 2015

Identidad (des)conocida

Al nacer, una de las primeras cosas que recibimos de nuestros padres es una identidad. Un nombre y un apellido, y en muchos casos, los mismos quedan definidos bastante tiempo antes de que se produzca el nacimiento. Desde ese momento y por toda la vida nos otorga una identidad, la que luego queda sellada con los trámites legales de rigor.
A partir de ese momento y durante toda nuestra vida llevaremos con nosotros esa identidad, la que nos hace miembros de una familia, y por  tanto nos da derecho a gozar de los privilegios que eso nos otorga. A partir de ahí, nadie puede negarnos el ser reconocidos como los hijos de alguien más. Nadie podrá impedir que nos beneficiemos de las prerrogativas que existen en ese hogar del cual ahora venimos a formar parte.
En algunas ocasiones, existirán personas o situaciones que pueden llegar a hacernos dudar de esa identidad que llevamos. Situaciones que escapan de nuestro control y que pueden perturbar nuestro presente y nuestro futuro.
Algo similar ocurre en el campo espiritual. Jesús le dijo a Nicodemo que para ver el Reino de Dios, era necesario nacer de nuevo (Juan 3:3 parafraseado), aunque en esta ocasión, se refería a la necesidad de nacer del espíritu y no de la carne.  Algo que el pobre Nicodemo parece no haber entendido.
Es así que cuando por obra del Espíritu Santo, se nos corre el velo que nos impide conocer la verdad que nos hace libres; cuando reconocemos nuestra necesidad de Dios; y recibimos a Cristo y creemos en su nombre, se nos es dado ser llamados hijos de Dios (Juan 1:12 parafraseado). A partir de ese mismo instante, como ocurre en el caso de nuestros hijos naturales, adquirimos una identidad totalmente nueva en Cristo, y del mismo modo con este nuevo nacimiento, los hijos de Dios tenemos acceso a todos los beneficios que concede ese nuevo estatus espiritual. 
Al pasar a formar parte de los hijos de Dios, automáticamente aparece un enemigo muy interesado en impedir que disfrutemos de los beneficios de pertenecer al Reino de Dios, y es que ese enemigo, el diablo, anda como león rugiente, buscando a quien devorar (1 Pedro 5:8 parafraseado).
Satanás no va a escatimar esfuerzos en hacernos dudar de nuestra nueva identidad, así como no los escatimó para tentar al propio Jesús. Del mismo modo su primer ataque va a ser a nuestra nueva identidad, haciéndonos dudar de la condición de hijos de Dios, haciendo que desafiemos a Nuestro Padre Celestial, e inclusive ofreciéndonos la vanagloria de este mundo, placeres terrenales que tienen como único propósito desviarnos del propósito de Dios para nuestras vidas, el cual consiste en establecer su Reino aquí en la tierra.
Cuando la identidad no está firmemente arraigada en cada uno de nosotros, estamos expuestos a tomar decisiones que pueden afectar no solamente nuestro presente, sino también nuestro futuro, aquí en la tierra y en la eternidad, y eso satanás lo sabe muy bien, por lo tanto va a buscar socavar los cimientos de nuestra nueva identidad , y para ello, va a atacar nuestro punto más vulnerable, justo ahí donde somos más débiles, y como es un mentiroso y el padre de la mentira (Juan 8:44 parafraseado), su arma preferida es justamente esa.
Ser cristiano, significa ser imitadores de Cristo, reflejar su carácter aquí en la tierra, o en otras palabras reaccionar como Él lo haría, y ya sabemos cómo le respondió todas las veces que satanás atacó su identidad, su respuesta en las tres ocasiones fue “escrito está”, o lo que es lo mismo con la Palabra de Dios que es la Biblia. (Mateo 4:4-10).
Pero cómo usaremos en nuestra defensa esa arma?, Cómo seremos capaces de blandirla como espada mortal que nos proteja de sus ataques? La respuesta encontramos en el libro de Josué, donde se nos dice que meditemos en ella de día y de noche, allí encontraremos la sabiduría necesaria para resistir al diablo, y no le quedará más remedio que huir de nosotros (Santiago 4:7 parafraseado).
Es muy importante tener presente las indicaciones de Jesús, debemos mirar más allá de la superficie para juzgar correctamente (Juan 7:24 NTV parafraseado). Un análisis a la ligera o de manera muy superficial de  nuestra situación, de nuestro entorno, puede provocar que nos equivoquemos en nuestro juicio y por consiguiente exponernos a las consecuencias, porque después de todo cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de Él por un tiempo (Lucas 4:13 NTV).
Y si no estás muy seguro de tener esta nueva identidad, te invito a que una vez más reconozcas tu necesidad de Dios, que confieses que Jesús es tu Señor y Salvador, quien murió por cada uno de nosotros en la cruz del calvario, para que en Él tengamos el perdón de nuestros pecados, y la salvación eterna, declarando por fe ser hijo de Dios.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Una correcta actitud

En nuestro cotidiano andar por esta vida, muchas veces las cosas no resultan como nosotros esperamos que sucedan, o simplemente las distintas circunstancias que se suceden en el día a día, pueden desenfocarnos haciendo que la manera en que reaccionemos ante las mismas no sean las adecuadas.
Y es que la mayoría de nosotros, casi todo el tiempo nos comportamos como seres emocionales, que es lo que en realidad somos. En otras palabras, permitimos que nuestras emociones nos gobiernen, que nos dicten la forma en que debemos reaccionar ante determinada situación. Cuando esto ocurre, en realidad lo que estamos haciendo es enfocarnos en nuestra carne, en lo que nosotros queremos o deseamos. 
El problema con este tipo de conducta está en que al centrarnos en lo que nuestra carne anhela y desea, nos estamos dirigiendo a la muerte (Romanos 8:6).
 A una muerte presente y futura, porque si bien quienes practican los frutos de la carne que se describen en Gálatas 5:19-21, no heredarán el Reino de Dios, en este tiempo, tampoco podremos disfrutar de la vida en abundancia, para lo cual ha venido Cristo a esta tierra (Juan 10:10 parafraseado).
Ocurre que cuando nos dejamos llevar por nuestra carne antes las situaciones difíciles de nuestra vida, estamos demostrando en realidad en que o en quien hemos puesto nuestra confianza. De este modo cuando reaccionamos con amargura, y con preocupación, en realidad estamos demostrando que nuestra confianza la hemos puesto en nuestros recursos, en nuestras capacidades, o peor aún en los hombres, y la Biblia dice claramente que el hombre que confía en el hombre será maldito (Jeremías 17:5 parafraseado). 
La confianza se demuestra con la actitud, y es por eso que es muy importante la actitud que tomemos cuando se presenten las dificultades. Tendremos una actitud de desconfianza? De quejas hacia nuestro Señor? O tendremos una actitud de gratitud y alabanza?
Para los que hemos tenido la dicha de conocer a Dios en un encuentro cercano por medio de la fe, tenemos paz para con Dios por medio de la obra de Jesús en la cruz, y también nos alegramos al enfrentar las pruebas, ya que sabemos que las mismas nos ayudan a desarrollar resistencia y firmeza de carácter, fortaleciendo nuestra esperanza, la que no acabará en desilusión (Romanos 5:1-5 NTV parafraseado). Es muy importante que en esos momentos no seamos como las personas de doble ánimo, que son inconstantes en todos sus caminos, como las olas del mar que son arrastradas por el viento de un lado a otro (Santiago 1:6-8 parafraseado).
Es en esos momentos de mayor incertidumbre que más debemos confiar en Dios. Más debemos desarrollar nuestra íntima relación con Él, puesto que Dios no es hombre para mentir, ni hijo de hombre para arrepentirse. Si dijo que lo hará, así lo va a hacer (Números 23:19 parafraseado).
Como escribió Ruyard Kipling “cuando vayan mal las cosas, como a veces suelen ir, tal vez debamos descansar, mas no desistir”. Y donde podemos encontrar ese descanso reparador?
Exacto!!! En Jesús, quien llama a todos los cansados y agobiados, y promete darles descanso (Mateo 11:28 parafraseado). Pero, como y donde lo encontramos? Pues en su Palabra, la cual es viva, eficaz y más cortante que espada de doble filo (Hebreos 4:12 parafraseado). En ella podemos encontrar ejemplo de varias personas quienes permanecieron en su fe a pesar de sentirse abandonados. Pudieron permanecer firmes e inquebrantables, porque le creyeron a Dios cuando dijo que no nos dejaría y no nos desampararía (Hebreos 13:5 parafraseado), que la gloria postrera sería mejor que la primera (Ageo 2: 9 parafraseado).
Jesús nos advierte que allí donde estén nuestros tesoros, allí también estarán los deseos de nuestro corazón (Mateo 6:21 parafraseado). Si estamos fundados en la roca que es Cristo, podrá descender la lluvia, podrán venir los ríos y soplar los vientos contra nuestra casa, pero esta no caerá (Mateo 7:25 parafraseado).
Por eso cuando tomamos una actitud de gratitud y alabanza estamos dándole toda la honra y toda la majestad a quien realmente se la merece. Después de todo, todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere en esta vida, tiene su hora (Eclesiastés 3:1, parafraseado). La vida es tan corta y pasa tan de prisa, que no tiene sentido afligirnos por aquellas cosas que hoy tal vez no las entendemos o comprendemos, sobretodo porque para quienes aman al Señor, todo resulta para bien (Romanos 8:28 parafraseado).
No le demos a satanás la yema del gusto, no olvidemos que él vino para hurtar, matar y destruir (Juan 10,10), por lo tanto es el primer interesado en que reaccionemos de manera indebida. De esta forma no podremos morar al amparo de Dios (Salmo 91).
Tengamos presente las instrucciones del Espíritu Santo a través de Pablo. Estemos siempre alegres, sin dejar nunca de orar. Seamos agradecidos en toda circunstancia, pues esta es la voluntad de Dios para nosotros, los que pertenecemos a Cristo Jesús (1Tesalonicenses 5:16-18 NTV, parafraseado).

sábado, 25 de julio de 2015

Somos todos buenas personas?

Salvo que cada uno tenga una mala imagen de sí mismo, o que como resultado de haber sido confrontado por el Espíritu Santo, haya experimentado un profundo arrepentimiento, nuestra respuesta a la pregunta de cómo nos consideramos, o como nos vemos a nosotros mismos, siempre será que somos buenas personas, y esto aun a pesar de que existan algunas áreas de nuestra vida de las que no nos sentimos precisamente orgullosos y las preferimos mantener en reserva. Casi todos, indefectiblemente responderemos ante esta pregunta, que no somos malas personas. Y es que con nuestros defectos y virtudes nos consideramos buenos. Esto se debe en la mayoría de los casos, a que la vara o el estándar de medición para catalogar nuestro nivel de bondad, está basado en parámetros que la propia sociedad establece como ideales, como por ejemplo, cumplimos con nuestras obligaciones?, Hacemos el mal a alguien?, ayudamos a nuestro prójimo? Estas y otras tantas preguntas más, forman parte de una batería de pruebas o parámetros, que los seres humanos utilizamos para definir el nivel de nuestra bondad.
Pero existe otra escala, otro estándar para medir que tan buenos somos. Un estándar que si nos comparamos contra él en un sincero examen de conciencia, podemos asegurar que ninguno lo pasa, y es que ese estándar ha sido establecido por el mismo Dios. 
En primer lugar, la Biblia declara que no hay quien haga lo bueno, ni siquiera uno (Romanos 3:12 NTV), y agrega que por cuanto todos pecamos, estamos destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23 NTV). A partir de esta verdad, cualquier otro estándar que utilicemos para medir que tan buenos somos carece de valor. Podemos tener los más altos ideales de conducta, que sino no están en sintonía con lo que piensa Dios, los mismos no nos sirven absolutamente para nada. Es así de simple nuestros estándares no son los estándares de Dios.
Ocurre que satanás, quien es el padre de la mentira (Juan 8:44), se ha ocupado de cegarnos el entendimiento (2 Corintios 4:4), y de ese modo ha conseguido relativizar esta verdad, ha conseguido engañar nuestro entendimiento, haciéndonos pensar que “no es tan así”, que es cuestión de “interpretación”, después de todo Dios es un Dios de amor (1 Juan 4:8). Pero lo que muchos de nosotros pasamos por alto, es que también es un Dios justo (Salmos 7:11), y por lo tanto no puede ir en contra de su Palabra, que es verdadera (Juan 17:17), además de viva y poderosa, más cortante que cualquier espada de dos filos; que penetra entre el alma y el espíritu, entre la articulación y la médula del hueso. Dejando al descubierto nuestros pensamientos y deseos más íntimos (Hebreos 4:12 NTV Parafraseado).
Entonces para poder responder a la pregunta que tan buenos somos, o que tan buenos nos consideramos debemos examinarnos a la luz de la Palabra de Dios, es decir que tan obedientes somos a ella? Están nuestros actos en sintonía con lo que ella dice? 
Es evidente que para poder responder a estas preguntas, debemos conocer lo que en ella está escrito, y esto solo lo podemos lograr escudriñándola, meditando en ella de día y de noche, como se nos sugiere en el libro de Josué (Josué 1:8). No hacerlo sería el equivalente al constructor que desea edificar una casa, pero no se guía por los planos. Se expone a que la obra terminada no se parezca en nada al diseño del arquitecto, con las consecuencias que ello conlleva.
O lo que es lo mismo, si no somos encontrados aprobados por Dios, por más que confesemos que Jesús es nuestro Señor y Salvador, seremos desechados. El mismo Jesús lo dijo, no todo el que le llame “Señor, Señor” entrará al reino de los cielos, sino aquellos que hacen la voluntad de su Padre (Mateo 7:21), la que podemos encontrar clara y  de manera precisa en la Biblia. En el evangelio de Juan, nos advierte que Él es la vid verdadera, que su Padre es el labrador, y nosotros los pámpanos, el que no lleve fruto, será quitado, y que la única forma de llevar frutos es permanecer en Él y Él en nosotros, pues separados de Él nada podemos hacer (Juan 15:1-2, 5 NTV Parafraseado). Pero para los que estamos en Cristo Jesús, es decir para los que andamos conforme al Espíritu no hay ninguna condenación (Romanos 8:1).
Y que significa entonces andar en el Espíritu? Pues bien dejar que sea Él quien nos guie en la vida, no dejarnos llevar por los impulsos de la naturaleza pecaminosa que desea hacer el mal, sino por el contrario dejar que el Espíritu Santo produzca en nuestra vida el fruto del amor, ese amor incondicional que es paciente y bondadoso, que nunca se da por vencido, que jamás pierde la fe, y se mantiene firme  en toda circunstancia (1Corintios 13.4-7 NTV), ese amor del cual se desprenden la alegría, la paz, la paciencia, la gentileza, la bondad, la fidelidad, la humildad y el control propio (Gálatas 5:16-23 NTV). En otras palabras, dejar que nos moldee como el alfarero al barro, para así poder ser aprobados al final de la carrera.

sábado, 27 de junio de 2015

Que se espera de nosotros

En ciertas ocasiones de nuestra vida, las circunstancias que atravesamos nos hacen cuestionar cuál es el propósito de nuestro transitar en esta tierra, para que hemos venido y que se espera de nosotros.
En algunos casos hay quienes tienen la bendición o la suerte, si así queremos llamarlo, de saber exactamente cuál es ese propósito, y desde temprana edad caminan en ese sentido. Otros lo descubrimos luego de mucho intentar, y transitar por caminos que no son los indicados o adecuados.
Los que nos encontramos en este segundo grupo, muchas veces en el intento ponemos en riesgo cosas por nosotros preciadas, inclusive hasta a nuestros seres queridos, y no es que lo hagamos intencionalmente, sino que simplemente como dice la Biblia en Oseas 4:6, el pueblo de Dios perece porque le faltó conocimiento (parafraseado). Y es que el dios de este siglo; satanás para que quede bien claro; quien es el padre de la mentira, desde el principio de los tiempos se ha ocupado de cegarnos el entendimiento, para que no nos resplandezca la luz del Evangelio de Cristo (2 Corintios 4:4).
Desde que nace, el hombre es un ser centrado en sí mismo, egoísta. Basta con observar el comportamiento de un niño de corta edad, a quien nadie le ha enseñado nada y veremos cómo busca la satisfacción de sí mismo. Aquellos que tenemos la dicha de ser padres, nos hemos visto en la necesidad de corregir a nuestros pequeños desde temprana edad, aun cuando el mundo no les ha ensañado a comportarse inadecuadamente, y eso se debe a que todos traemos dentro de nosotros un gen pecaminoso, que nos aparta de nuestro diseño original. A pesar que fuimos creados a imagen y semejanza de nuestro Creador, por causa de la caída de Adán y Eva, el ser humano nace y se desarrolla alejado de Dios.  Pero esta condición no tiene por qué ser definitiva para nosotros. El hombre no tiene por qué marchar directo a su perdición. Dios en su infinito amor por nosotros, proveyó la salida a esta situación. Tanto nos amó que dio a su Unigénito hijo, para que todo aquel que en Él crea no se pierda y tenga vida eterna (Juan 3:16). 
Este regalo inmerecido es por gracia y no en premio por las cosas buenas que hayamos hecho, para que ninguno de nosotros pueda jactarse de ser salvo (Efesios 2:8-9 NVT). La Palabra de Dios, nos llama a ser imitadores de Dios en todo aquello que hagamos, porque somos sus hijos, nos invita a vivir una vida de llena de amor siguiendo el ejemplo de Cristo (Efesios 5:1-2 NTV). 
Esta es una muy buena clave para evaluar como deberíamos conducirnos en nuestro diario accionar, cómo comportarnos en las distintas circunstancias que se nos presentan día a día en nuestra vida. Debemos preguntarnos, como reaccionaria Cristo ante ellas? Nos estamos comportando tal y como Él lo haría? Porque en otras palabras, estamos llamados a reflejar su carácter en esta tierra, ser llamados cristianos es exactamente eso, por más difícil que nos pueda resultar. 
Cabe mencionar que para Jesús tampoco fue fácil pagar el precio por la redención de nuestras almas. La noche cuando fue entregado se encontraba orando en el huerto de Getsemaní, y era tal el estrés en el que se encontraba debido a la angustia y tristeza, que el sudor le caía a tierra como grandes gotas de sangre (Lucas 22:39-45), fenómeno que la ciencia médica designa como hematidrosis, y que se produce cuando una persona sufre una tensión extrema, una gran angustia o un temor muy grande, que pueden romperse las finísimas venas capilares que están bajo las glándulas sudoríparas, lo que nos indica que Jesús en ese momento se encontraba en su faceta más humana, por lo que si Él pudo orar pidiendo que no se haga su voluntad sino la de nuestro Padre, porque nosotros no podríamos?, además Dios nunca nos abandona, en ese momento apareció un ángel del cielo para darle fuerzas (Lucas 22.43 DHH).
Entonces, que se espera de nosotros, o mejor dicho que espera Dios de sus hijos? Pues bien antes que nada deberíamos definir si aceptamos su paternidad, porque los hijos de Dios son los que han creído en Cristo y lo recibieron (Juan 1:12 NTV), luego si somos hijos suyo, como todo padre, espera que seamos obedientes a su Palabra, la cual es viva y eficaz (Hebreos 4:12), y para eso debemos meditar en ella de día y de noche (Josué 1:8, parafraseado). Nos dice que si buscamos primeramente su reino y su justicia, todo lo demás nos será añadido (Mateo 6:33 parafraseado), nos dice que pongamos los ojos en las cosas de arriba y no en las de la tierra (Colosenses 3:2), que si nos apartamos de todo lo inmundo, Él nos recibirá y será para nosotros un Padre y nosotros seremos sus hijos (2 Corintios 6:17-18), porque Jesús vino para que tengamos vida, y la tengamos en abundancia (Juan 10:10).

sábado, 30 de mayo de 2015

Lo que Dios ha unido

Que lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre, es la sentencia con que la mayoría de las celebraciones matrimoniales cierran la ceremonia en sí. Una frase mencionada en la Biblia (Mateo 19:6), y que más allá de una simple expresión de deseo, es en realidad una advertencia para ambos cónyuges, sobre la importancia que tiene para Dios el matrimonio, el cual fue instituido por Él en los orígenes de la creación.
No es bueno que el hombre este solo dijo, por eso hagámosle una ayuda idónea (Génesis 2:18), y más adelante en Génesis 2:24, nos aclara que el hombre y la mujer dejaran a su padre y a su madre para ser una sola carne. 
Pero que significa que la mujer será nuestra ayuda idónea, y qué implica que seremos una sola carne entre los dos? Y es que en realidad, aunque ambos hemos sido creados a semejanza de Dios, tanto el hombre como la mujer tenemos ciertas características que a su vez nos diferencia a uno de otro, es decir que existen determinadas áreas, en las que para que nuestra vida sea plena, precisaremos del otro, áreas en las que para estar completos vamos a necesitar indefectiblemente de las habilidades y capacidades de nuestra pareja. Porque solo así vamos a poder funcionar. Imaginémonos una pinza, es como si quisiéramos que sea útil con una sola de las manijas. En otras palabras, desde el momento en que aceptamos transitar juntos con la persona elegida el resto de nuestra vida, ya no seremos seres individuales, sino que por el contrario pasamos a ser como una fusión de dos sustancias, las que una vez unidas, ya no pueden separarse en sus componentes iniciales. Para clarificar mejor tomemos dos macillas de diferentes colores, de esas que utilizan los niños para jugar y mezclémoslas, luego tratemos de separarlas en sus colores originales, resulta imposible!!!! De la misma manera dos personas que han unido sus vidas no podrán volver a su estado inicial por más que decidan separarse, podremos dividirnos pero nunca separarnos. Desde el momento en que nos unimos en pareja nuestras almas quedan fusionadas de la misma manera que estas macillas. 
Es lógico suponer que en esta convivencia cotidiana, este fusionarse hasta convertirse en uno solo, surgirán en algún momento situaciones de crisis o conflicto que generen alguna aflicción, de hecho el mismo Jesús ya nos advirtió que en el mundo tendríamos aflicción, pero también nos dijo que Él ya había vencido al mundo (Juan 16:33), por lo tanto el secreto para poder cumplir con esta advertencia de no separar lo que Dios unió, está justamente en tener a Cristo dentro de la relación de pareja, porque como está escrito la cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente (Eclesiastés 4:12 NVI), y si construimos nuestro hogar sobre la roca firme que es Cristo, guardando sus enseñanzas, podrán venir las tormentas, pero no prevalecerán contra él (Mateo 7:24-25, parafraseado). 
Entonces cuáles son esas enseñanzas con relación al matrimonio? Que deberíamos observar para poder cumplir con su mandamiento de permanecer juntos (1 Corintios 7:10-11)? Por ejemplo en el capítulo 3 de la carta a los habitantes de Coloso, encontramos instrucciones bien precisas, a nivel personal y familiar sobre cómo debería ser nuestra vida en Cristo, haciendo morir las cosas pecaminosas y terrenales que acechan dentro de nosotros, o en otras palabras muriendo a nuestra carne y a sus frutos. Más bien viviendo guiados por el Espíritu de Dios, amando a nuestras esposas, no tratándolas ásperamente, para que ellas a su vez se sujeten a nosotros, porque este es el diseño de Dios para nuestras vidas. Pablo lo repite en el capítulo 5 de la carta a los Efesios y Pedro lo refuerza en el capítulo 3 de su primera carta.
Y es que en realidad el amar a alguien nada tiene que ver con los sentimientos. Es una decisión totalmente racional que debemos tomar cada día, porque en eso consiste el amor, en hacer lo que Dios nos ha ordenado, y Él nos ha ordenado que nos amemos unos a otros (2 Juan 1:6 NTV).
No nos dejemos llevar por las filosofías y argumentos falsos que no se apoyan en Cristo y que nada tienen que ver con el plan de Dios (Colosenses 2:8 parafraseado), los que buscan socavar los cimientos de nuestra obediencia a su Palabra. Satanás está muy interesado en que el pacto matrimonial no se cumpla, atacándonos con todo tipo de pensamientos, pues de ese modo no solo nosotros estamos expuestos a sus acusaciones, sino que además exponemos también a nuestra descendencia (Deuteronomio 5:9 parafraseado). Debemos ser muy conscientes  de que cada decisión que tomamos afecta a nuestras siguientes generaciones. El enemigo sabe muy bien que la mejor manera de destruirlas, es destruyendo a las familias, lo que logra por medio de la división y desunión de las parejas.
Vive feliz junto a la mujer que amas, todos los insignificantes días de vida que Dios te haya dado bajo el sol. La esposa que Dios te da es la recompensa por todo tu esfuerzo terrenal nos aconseja la Biblia (Eclesiastés 9:9 NTV), y esa es una decisión que depende de cada uno de nosotros, hombre y mujer, porque lo que Dios ha unido nadie debe separarlo. 

miércoles, 22 de abril de 2015

I did it my way (A mi manera)

La letra de una canción popularizada por Frank Sinatra dice “Sé que estoy en paz pues la viví a mi manera”, aduciendo a que ha vivido la vida a su manera y que está en paz pues fue él quien dictó los caminos a seguir, postura que suena muy razonable, puesto que lo lógico es que uno asuma las consecuencias de sus propias decisiones.
Podemos decir que nuestra vida es la suma de decisiones y acciones llevadas a cabo a lo largo de nuestra existencia, y la mayoría de nosotros cuando emprendemos algo o nos proponemos una tarea, lo hacemos pensando en conseguir un resultado, en lograr un objetivo, o en otros términos una recompensa personal, ya sea esta material, o bien la satisfacción del alma, guiados por el altruismo o por ayudar según nuestro punto de vista a que la realidad de otros sea mejor.
Muchas veces adoptamos una actitud sumamente activa, siendo nosotros mismos los impulsores de la acción, lo que puede generarnos un sin número de situaciones conflictivas, o en otros casos una posición pasiva, que puede resultar muy cómoda porque tal vez nos evite conflictos con nuestro entorno, pero lo cierto es que una u otra postura nos traerá consecuencias, algunas buenas y otras malas.
La verdad es que si queremos disfrutar de una vida sin mayores sobresaltos, existe una única manera de hacer las cosas, lo cual no significa que no vayamos a enfrentar dificultades, sino que debemos ser capaces de diferenciar las aflicciones por las que atravesamos en el recorrido de nuestra vida y de los resultados negativos de determinadas decisiones tomadas durante la  misma. Las primeras son momentáneas mientras lo segundo permanece en el tiempo, hasta que seamos capaces de corregir el rumbo.
El ser humano en su orgullo y en su soberbia, producto del ADN pecaminoso que lleva en sí mismo, ha escogido apartar a Dios de las decisiones cotidianas de su vida, encerrándolo en el mejor de los casos, dentro de una religión, como un agregado de su entorno, excluyéndolo de cada decisión que toma en el día a día. Lo grave de esta situación está, en que apartados de Dios nada vamos a lograr, porque es Él el que concede sabiduría! De su boca provienen el saber y el entendimiento (Proverbios 2:6 NTV).
El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones, por lo que, aun cuando aquello que nos impulse esté cargado de buenos propósitos, si no está en línea con el plan de Dios, aunque a priori los resultados parezcan los esperados, tenemos que estar seguros que al final habrá llanto, muerte y destrucción, porque hay camino que al hombre le parece recto, pero que termina en muerte (Proverbios 14:12 NTV), y esa muerte muchas veces no significa precisamente la muerte física, sino que mientras estemos en este mundo enfrentaremos discusión, rencillas, miseria humana y económica, etc.
Pero quienes han aprendido a tener una relación con ese Dios bondadoso que de tal manera amó al mundo, que entregó a su hijo unigénito, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna (Juan 3:16), esa manera de hacer las cosas la encuentran descrita en su Palabra, pues ella enseña a hacer lo que es correcto (2 Tim. 3:16 NTV). Para quienes su Palabra es lámpara que guía sus pies y luz para el camino (Salmos 119:105 NTV), estos son transformados por medio de la renovación del entendimiento, comprobando la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios (Romanos 12:2), la que enriquece pero no añade tristeza (Proverbios 10:22).
En algunos casos nosotros mismos queremos “contribuir” o “ayudar” a que se cumpla esa voluntad divina, nos sentimos capacitados para ayudar a nuestro creador en el cumplimiento de sus promesas, algo similar al plan de Sara, cuando la promesa de Dios de bendecirlos a ella y a Abraham con un hijo se dilataba (Génesis 16), y ya sabemos cómo eso resultó, hasta hoy en día los descendientes de Isaac e Ismael, viven enfrentados, porque en algún momento quisieron darle una “mano” al plan de Dios, olvidándose que Él no es hombre para mentir, ni hijo de hombre para arrepentirse (Números 23:19), y por tanto si lo prometió lo hará.
Por eso busquemos primeramente el Reino de Dios y su justicia, por encima de todo, lo cual significa sujetarnos bajo su autoridad, bajo su gobierno y todo lo demás será añadido (Mateo 6:33). El que es sabio entiende estas cosas; el que es inteligente las comprende.
 Ciertamente son rectos los caminos del Señor, en ellos caminan los justos, mientras que allí tropiezan los rebeldes (Oseas 14:9 NVI). Pongamos todo lo que hagamos en las manos del Señor, y nuestros planes tendrán éxito (Proverbios 16:3 NTV), osea busquemos su orientación y su guía en cada decisión, en cada pensamiento, en cada plan que tengamos, en otras palabras hagámoslo a su manera y no a la nuestra, bajo su diseño y no el que nos pueda resultar más cómodo, y toda su gloria se manifestará en nuestra vida, Que feliz es el que teme a Jehová, todo el que sigue sus caminos (Salmos 128:1 NTV), porque al igual que David, acabará en buena vejez, habiendo disfrutado de una larga vida, riquezas y honor (1 Cronicas29:28 NTV). Como lo advierte el apóstol Pablo en su primera carta a los corintios, por más que todo nos es licito, no todo nos conviene o nos edifica (1 Corintios 10:13).

sábado, 21 de marzo de 2015

El camino que nos conduce

A muchos de nosotros nos ha pasado, que para ir a una dirección especifica o llegar a un determinado lugar, es necesario que nos indiquen el camino, que nos muestren como llegar o que por lo menos nos expliquen por donde deberíamos ir para poder llegar a buen destino. En este sentido cualquier método utilizado como soporte es válido, sea un mapa, una explicación verbal o la utilización de la tecnología actual. Aun cuando no tengamos alguien que de antemano nos pueda ayudar con las indicaciones para llegar a destino, hacer uso del popular dicho, preguntando se llega a Roma, puede resultar de mucha ayuda.
En la actualidad existen dispositivos y aplicaciones que nos permiten conocer si vamos por el camino correcto y hasta son capaces de sugerirnos vías alternativas para llegar más rápido al lugar deseado. Algunas de estas aplicaciones pueden mostrarnos cuan congestionado está el trafico más adelante, de modo que podamos optar por vías menos transitadas o más ligeras, las que pueden ayudarnos a llegar más relajados a destino, porque si hay algo que nadie puede negar, es que ir por una vía congestionada o difícil se convierte en una tarea bastante estresante.
Inclusive aun cuando conocemos el camino, puede ocurrir, que si no permanecemos atentos a las señales, corremos el riesgo de equivocarnos al tomar una mala referencia o pasarnos un desvío, lo que puede significar que recorramos durante un largo tiempo un camino que nos conduzca a otro destino o que tengamos que volver por el camino recorrido para poder corregir el rumbo. Otras veces nos sentimos tan seguros de nuestras habilidades y confiamos tanto en nuestro sentido de ubicación, que podemos llegar a demorar bastante tiempo en darnos cuenta que nos hemos equivocado y que el camino que estamos recorriendo no nos llevará a destino.
En otros casos nos puede resultar muy cómodo, y hasta consideramos seguro, seguir a otro que va por delante, alguien de quien pensamos conoce la ruta a seguir, pero que como nosotros está expuesto, por su condición humana o por desconocimiento, a cometer los mismos errores que nosotros; en otras palabras un ciego guiando a otro ciego.
Si bien todo lo expresado hasta aquí, guarda relación con trasladarnos o con viajar de un lugar a otro en esta vida, hay un viaje en el cual es mucho más importante para nosotros asegurarnos que vamos por el camino correcto, un viaje en el que debemos estar seguros al ciento por ciento de que el camino que escojamos nos conducirá al destino deseado, porque errar el mismo puede significar la diferencia entre la vida o la muerte eterna.
En el libro de los Proverbios escrito por el Rey Salomón, el hombre más sabio que ha existido (1 Reyes 3:12), Dios nos advierte, que hay un camino delante de cada persona que parece correcto pero que termina en muerte, y no lo dice una, sino dos veces y con las mismas palabras (Proverbios 14:12 y 16:25 NTV), por lo que salvo, que estemos dispuestos a correr el riesgo, debemos tomar muy en serio esta advertencia.
Unos mil años después, el propio Jesús nos enseñó que solo podemos entrar al Reino de Dios a través de la puerta angosta (Mat. 7:13 NTV) y que la carretera que conduce al infierno es amplia, y la puerta es ancha para los muchos que escogen ese camino. También nos dijo que Él es el camino, la verdad y la vida, que nadie llega al Padre si no es por medio de Él (Juan 14:6), es decir que no existen caminos alternativos, no hay atajos que nos puedan conducir al Padre si no es a través de Cristo. Pero ahora bien, podría ser que para llegar a Cristo, pensemos que lo podamos hacer buscando diversos caminos, como cuando vamos a tomar una autopista, y primero debemos transitar por caminos secundarios, esto en realidad no es necesario puesto que el propio Jesús dice que Él está a la puerta y nos llama, si le abrimos, Él entrará (Apoc. 3:2), en otras palabras acceder a Cristo solo depende de nosotros, que así lo deseemos de corazón. Durante los tres años que estuvo ejerciendo su ministerio aquí en la tierra, siempre estuvo accesible a la gente, a quien quisiera seguirle. Por qué suponer lo contrario ahora?
Pero al igual que cuando vamos siguiendo las indicaciones que nos va mostrando el camino para llegar a un destino determinado tenemos que estar alertas para no desviarnos, del mismo modo debemos prestar atención, porque Jesús ya nos advirtió que aparecerán muchos falsos profetas que engañarán a mucha gente (Mateo 24:11 NTV), pero Dios no ha dado ningún otro nombre bajo el cielo, mediante el cual podamos ser salvos. ¡En ningún otro hay salvación! Sino en Cristo Jesús (Hechos 4:16 NTV).